Dedicación de la basílica de San Juan de Latran,
9 de Noviembre
by: Dr. Marcellino D'Ambrosio
Translated by: Miguel Carranza
Cuando eran un adolescente rebelde, creía que los católicos deberíamos dejar de gastar dinero en la construcción de iglesias tan caras. Pensaba que lo mejor seria venderlas y comprar alimentos para los pobres.
Curiosamente, Jesús, a quien le importaban los pobres mucho más, no tenia esta actitud. Cuando fue adolescente añoraba pasar el tiempo en el suntuoso templo de Herodes (Lucas 2). Cuando fue adulto, defendió la integridad del templo contra los cambiadores de dinero (Juan 2). San Francisco de Asís, quien regaló todas sus posesiones, pidió dinero para poder comprar materiales para la restauración de iglesias en ruinas que él mismo reconstruyo.
¿Por qué tanto aprecio por los templos? Ezequiel 47 nos da una razón importante: Porque la alabanza litúrgica que toma lugar al interior de ellos, y de manera especial la Eucaristía, es la fuente y el culmen de toda nuestra vida cristiana.
El mundo es un lugar árido, que muchas veces nos derriba. Las iglesias son un refugio, un lugar para encontrar a Dios. Ahí bebemos de las aguas de la vida de la palabra y los sacramentos que revitalizan nuestros espíritus cansados (Salmo 23). La gracia que fluye del altar nos renueva, nos cambia, y nos hace capaces de cambiar a otros, trayéndonos sanación y haciéndonos capaces de dar frutos.
Pablo, en el capitulo 3 de la primera epístola a los Corintios, nos da otra razón para honrar las iglesias. George Fox, fundador de los Cuáqueros, concluyó de este pasaje que si los cristianos somos la Iglesia, nuestros lugares de adoración deberían ser llamados campanarios. Según él, llamar a los edificios “iglesias”, oscurece el hecho de que nosotros somos la Iglesia.
La tradición judeo-cristiana lo ve de forma diferente. Las iglesias son el espejo que nos recuerda lo que somos. El mundo nos dice que somos consumidores, empleados y votantes, y todos los días nos presenta múltiples iconos para recordárnoslo. Las iglesias son iconos que nos recuerdan nuestra más profunda identidad. Cuando nos reunimos para alabar al Señor los domingos, nosotros, que diferimos en nuestros gustos, profesiones y estilos de vida, nos reunimos como Cuerpo de Cristo y morada del Espíritu Santo.
¿Cómo se entra a la Iglesia? A través de las aguas limpiadoras del bautismo. Tal vez por eso sea que hay agua bendita en las fuentes a la entrada de la mayoría de las iglesias. Tal vez las estatuas de los santos estén ahí para recordarnos que somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19f).
Y qué hay de las costosas arquitecturas, pinturas, esculturas, y mosaicos ¿Deberíamos venderlas y comprar comida para los pobres? ¿Qué les quedará a los pobres cuando acaben esa comida?