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Preparar el Camino
Segundo Domingo de Aviento, Ciclo B
by: Dr. Marcellino D'Ambrosio
Translated by: Miguel Carranza
El Adviento es época de gozosa anticipación debido que alguien aun más grandioso que San Nicolás está por llegar.
La raza humana ha estado esperando su siguiente y última venida por mucho tiempo; y a decir verdad, también esperó su primera venida por mucho tiempo. Las cosas se pusieron difíciles temprano en la historia de la raza humana. En un abrir y cerrar de ojos pasamos del paraíso a la miseria, y no había forma de volver al jardín. Solo Dios podía volver las cosas a su estado anterior, pero faltaba mucho para que Él viniera. Primero había que sentar las bases – una preparación larga y gradual para que la raza humana estuviera lista para encontrarse con su Salvador. Había que hacerle entender a las personas algunas ideas sobre Dios y su plan de salvación. A Moisés se le confió la parte más grande de esta tarea. Pero además de la preparación doctrinal e intelectual, también tenía que haber una preparación moral y spiritual. Llamar al pueblo de Dios al arrepentimiento y la santidad fue la especialidad de los profetas, y dada la magnitud de la tarea que se les encomendó, Dios envió muchos de ellos.
El General George Patton dijo una vez: “Todo joven necesita unas buenas palmadas en la espalda de vez en cuando – algunas veces arriba y otras abajo”. Israel era joven y Dios le habló a través de los profetas con palabras severas, pero también de aliento. Isaías 40, por ejemplo, comienza con palabras de aliento. Proclama que la cautividad ha terminado, que Dios viene a rescatarlos con poder, como un pastor para alimentar su rebaño. Sin embargo, también menciona que debe preparase un camino en el desierto para esta venida. Los valles deben ser llenados. Las montañas deben ser allanadas. Los caminos torcidos deben ser enderezados. Esta fue una empresa de enormes proporciones.

A decir verdad, hubiera sido más fácil si literalmente solo hubiéramos tenido que dinamitar alguna montaña. Pero el último y más grande de los profetas, Juan Bautista, nos ayuda a comprender el significado de las palabras de Isaías. Esta preparación necesita hacerse en nuestro interior, no en piedra y graba.
Para que llegara el Mesías, el buen pastor, el camino debía ser preparado y enderezado. Las alturas que bloqueaban su venida, eran montañas de orgullo. El pecado del orgullo se exalta más alto que Dios, erigiendo barreras contra Él. Se caracteriza por la petulancia y la autosuficiencia. La torre de Babel es un buen ejemplo de la inútil altivez del orgullo. Y ¿qué hay de los valles que deben ser llenados? Los filósofos y los teólogos definen la maldad como la ausencia del bien, ausencia de algo que debería estar ahí. La falta de fe es un pecado. La falta de oración es un pecado. La falta de caridad es un pecado. Todos estos son pecados de omisión, y estas insuficiencias deben ser llenadas para construir el camino del Señor.
En su fabulosa trilogía espacial, C.S. Lewis llama a Satanás “el torcido”. La naturaleza del enemigo es torcer las grandes bendiciones de Dios, y guiarlas por el mal camino para convertirlas en maldiciones. Con un pequeño giro, la abundancia se vuelve avaricia, el amor conyugal se vuelve lujuria, y la piedad se convierte en hipocresía y pretensión. En el Adviento, estos caminos torcidos deben ser enderezados.
El último de los profetas, Juan el Bautista, vivía el mensaje que predicaba. Las montañas del orgullo habían sido allanadas en él, el camino había sido aclarado. El apuntaba no hacia sí mismo, si no hacia aquel cuyas sandalias no se atrevía a desatar. Juan estaba tan entusiasmado como cualquiera por Aquel que había de venir. Juan sabía lo que El traería. “Yo los bautizo en agua, pero el que ha de venir los bautizara en el Espíritu Santo.” El mesías venia para sumergirnos en el poder y sabiduría de Dios, para hacernos un nuevo pueblo, capaces de ser como Dios, capaces de hacer nuevas y grandes cosas.
Sin lugar a dudas este es un acontecimiento para el que vale la pena preparase.

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El Dr. Marcellino D’Ambrosio escribe desde Texas. Para más información visite www.crossroadsinitiative.com o llame al 1.800.803.0118.
Esto fue publicado originalmente en “Our Sunday Visitor” como una reflexión sobre las lecturas para el segundo domingo de Adviento, Ciclo Litúrgico B (Isaías 40:1-11, Salmo 85, 2 Pedro 3:8-14; Marcos 1:1-8). Se reproduce aquí con permiso del autor. |
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