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Lecciones de un Leproso

Dr. D'AmbrosioLecciones de un Leproso

Sexto domingo del tiempo ordinario, Ciclo B

 by: Dr. Marcellino D'Ambrosio

Translated by: Miguel Carranza

 

Muchos católicos están confundidos sobre el sufrimiento. Algunos autores exalta su gran valor, pero ¿significa eso que debamos buscar el sufrimiento? O, si el sufrimiento llega a nuestras vidas, ¿sería anti - espiritual buscar alivio?

 

La historia de Jesús y el leproso en Marcos 1:40-45 nos provee un caso de estudio sobre este tema. En los tiempos bíblicos, la “lepra” abarcaba muchos otros tipos de enfermedades de la piel. No sabemos exactamente qué tipo de lepra tenía este hombre. Podría haber sido la enfermedad de Hansen, lo que hoy día llamamos lepra. Si este hubiese sido el caso, el hombre no hubiera estado experimentando mucho dolor físico, puesto que esta enfermedad deja al enfermo sin la habilidad de sentir en la mayor parte del cuerpo. De hecho, este es uno de los problemas principales con esta enfermedad. El dolor es un regalo diseñado por Dios – nos dice que hay algo que no está bien para que podamos ponerle atención antes de que empeore. Sin esta sensación ignoraríamos las infecciones o seguiríamos poniéndole carga a un musculo desgarrado que necesita descanso. La enfermedad podría incluso causar daño permanente al órgano en cuestión. Los leprosos, por ejemplo, están desfigurados y carecen de algunos dedos o incluso de algunas extremidades. Esta horrenda apariencia le causa al leproso aún más sufrimiento.

 

Sin importar del tipo de lepra que el hombre tenía, los leprosos del antiguo Israel experimentaban otro tipo de sufrimiento. El capítulo 13 del libro de Levítico nos relata que para proteger a otros de la infección, los leprosos tenían que aislarse del resto de la sociedad, viviendo fuera de los límites de la ciudad, y estaban obligados a advertir a cualquiera que se les acercara que estaban “impuros”.

 

El leproso que aparece en el evangelio pidió a Jesús que le curase de su despreciable enfermedad con tan horribles consecuencias. Jesús le sanó de inmediato. Él lo hizo no para probar que era un profeta, ni el mesías, ni el hijo de Dios. Jesús incluso dio al hombre órdenes estrictas de no contar a nadie sobre este milagro. Jesús lo sanó por compasión. Fue una obra de misericordia, que es la respuesta del amor ante el sufrimiento. Jesús no lo reprendió por tratar de librarse del sufrimiento asociado con tan horrible enfermedad. El tenía el poder de liberarle de la enfermedad y todas sus implicaciones y lo hizo.

 

Así que por lo menos hay dos lecciones valiosas aquí – Esta bien buscar alivio del sufrimiento, y si nos encontramos con otros que están sufriendo, debemos hacer lo que podamos mitigar su dolor.

 

Pero hay más. Jesús le quitó la fuente de su sufrimiento pero le impuso otro. Este ex-leproso estaba encantado de su cambio de suerte y seguramente quería ir fervientemente contar a otros sobre el milagro. Jesús le ordena contener este deseo y quedarse callado. Seguramente esto era para beneficio de otros – para que Jesús pudiera movilizarse libremente entre los pueblos de galilea y predicar el evangelio, revelando su identidad a su manera y de acuerdo a su propio horario.

 

Pero el leproso no aceptó la disciplina que el hijo de Dios le había impuesto, y como resultado, ahora era Jesús quien tuvo que permanecer en el desierto, lejos de los pueblos.

 

No necesitamos salir a buscar el sufrimiento. Inevitablemente el nos encontrara a nosotros. Generalmente, deberíamos buscar alivio de cualquier forma de sufrimiento, como las enfermedades físicas. Pero cuando reconozcamos al sufrimiento como nuestro compañero de viaje, debemos soportarlo con tanta alegría y fe como nos sea posible en nombre del Señor, que sufrió por nosotros, uniendo nuestro sufrimiento al suyo para la redención del mundo. Esto es lo que San Pablo nos dice – todo lo que hagamos y todo lo que tengamos que soportar, debemos hacerlo para la gloria de Dios y la salvación de todos (I Corintios 10:31-33).

 

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Este artículo fue publicado originalmente en “Our Sunday Visitor” como una reflexión sobre las lecturas del Sexto Domingo del tiempo ordinario del ciclo litúrgico B (Lv. 13:1-2, 44-46, 6-7; Sal. 32, I Cor. 10:31-11:1; Mc. 1:40-45). Se reproduce aquí con permiso del autor.

 

 


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