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Marta y Maria
Encuentrate con el Señor Todos Los dias.

Recientemente recibí una carta bastante fuerte proveniente de una señora bautista. En la carta, ella reclamaba porque no encontraba la palabra “católico” en la Biblia.
Efectivamente, una de las primera ocurrencias del término esta en la carta de San Ignacio de Antioquia, escrita 20 años después que el ultimo libro del Nuevo Testamento. Sin embargo, la idea de que la Iglesia es “católica” surge a lo largo de todos los evangelios y epístolas. La palabra griega traducida “católico” viene de la palabra para describir “totalidad” o “plenitud”. La Iglesia “católica”, no es simplemente una secta regional para un grupo exclusivo de personas. Por el contrario, la Iglesia debe incluir a “toda” la familia de Dios en “todo” el mundo, dando la bienvenida a “todas” las personas, de toda nación, razas, pueblos y lenguas (Apocalipsis 7:9). Adicionalmente, la Iglesia “católica” no puede seleccionar solo doctrinas que le son convenientes o están de moda, sino que debe ser fiel a “toda” la verdad. Pablo señala que la esencia de su llamado apostólico era ser un maestro “católico”: “me convertí en ministro (de la Iglesia), conforme a la misión que Dios me concedió, en orden a vosotros para dar cumplimiento a la palabra de Dios… amonestando e instruyendo a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentarlos a todos perfectos en Cristo.”(Col. 1:25, 28)
Un día, la plenitud de la vida y la verdad entró caminando a la sala de un par de hermanas llamadas Marta y Maria. Inmediatamente reconocieron el privilegio de tener a Jesús en su hogar y se pusieron a trabajar para cumplir con su deber sagrado de hospitalidad.

El problema era que tenían ideas encontradas sobre como cumplir con ese deber. La respuesta de Marta es conocida por todos, especialmente por los familiarizados con la cultura mediterránea. “Traer el café, el vino, asegurarse que la vajilla y los cubiertos sean colocados sobre la mesa apropiadamente, traer todo el surtido de entradas frías y calientes (y asegurarse que las entradas calientes se sirvan verdaderamente calientes)

Maria pensó que el máximo halago con que podía hacerle su divino invitado, aun más que refrescos de clase mundial, era dedicarle toda su atención. La plenitud de la verdad había venido a su hogar para nutrirla, iluminarla y transformarla. No recibir y desenvolver este maravilloso regalo habría sido un insulto para el dador de vida.
El error de Marta no fue atender las necesidades materiales de su invitado. La historia de Marta y Maria no es una aprobación de la pereza y la pasividad. En Génesis 18:1-10 Dios visita a Abraham en la forma de tres viajeros. Abraham y Sara hicieron todo lo posible para proveerles de comida y bebida y esto estuvo bien.
El error de Marta fue el haber permitido que la actividad de la hospitalidad se convirtiera en distracción. Perdió de vista el bosque por estar viendo los arboles. Perdió la concentración y se enfadó con su hermana por no unirse a su frenesí.
Maria mantuvo su enfoque. Ella no fue pasiva - estar atenta a la plenitud de la verdad implica estar supremamente activo. Es por eso que la vida monástica contemplativa siempre ha sido vista con gran estima en la Iglesia Católica.
Una vez, un monje me comentó que el pecado más grande del mundo moderno no es su ociosidad, si no su laboriosidad. Vivimos en la sociedad más distraída y frenética de todos los tiempos. En tal sociedad, es tentador pensar que somos buenos cristianos y que merecemos ser aplaudidos porque miramos de reojo a Dios de vez en cuando.
Sin embargo, la plenitud de la verdad, la plenitud de la vida, la plenitud de la gracia, merece nuestra total atención. Jesús no puede ser simplemente parte de nuestras vidas, sino que debe ser el centro de nuestras vidas. Esto no quiere decir que nuestras vidas no estén llenas de actividades. Pero, a menos que reservemos un poco de tiempo cada día para sentarnos a sus pies como hizo Maria, nuestras acción se convertirá en distracción y estaremos tan irritados y descontentos como Martha.
Este artículo fue publicado originalmente en “Our Sunday Visitor” como una reflexión sobre las lecturas para el Decimo Sexto Domingo del tiempo ordinario, Ciclo C (Génesis 18:1-10; Colosenses 1:24; Lucas 10:38-42). Se reproduce aquí con permiso del autor. |
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