Regocijarse en la esperanza – Juan Bautista y el domingo gaudete

Regocijarse en la esperanza – Juan Bautista y el domingo gaudete

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El domingo Gaudete nos invita a regocijarnos en la esperanza. Asi como Juan Bautista se regocijó en medio del sufrimiento por predicar las Buenas Noticias sobre la aparicion de Cristo, tambien nosotros hacemos una pausa en medio de nuestra penitencia de Adviento para regocijarnos en la salvacion que se aproxima y en los primeros frutos que podemos degustar. 

La misión de Moisés le había llevado lejos…del esplendor del palacio del Faraón a un paseo por el Mar Rojo, a luchar con la necedad de Israel durante cuarenta años en el desierto. ¡Es una lástima que no haya logrado cruzar el Jordán! Sin embargo, Dios le dio un momento de consuelo. Lo llevó a la cúspide del monte Nebo y le mostro la Tierra Prometida.

Juan Bautista, la esperanza y el reino

Juan Bautista tuvo una misión similar. El proclamó la inminente venida del Reino y trabajó incansablemente para preparar el camino. Sin embargo, en este domingo dedicado a la dicha, lo encontramos encerrado en un calabozo esperando su ejecución. Él envía un mensaje a su primo en busca de un rayo de esperanza. “¿Eres tú el que habría de venir?”

Sin lugar a dudas, el mensaje que recibió como respuesta debe haberle traído mucha alegría y una recarga de energía a sus huesos cansados. La profecía en Isaías 61 se había cumplido: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, los pobres escuchan la buena nueva. Esto solo puede significar una cosa: ¡el ungido, el mesías, ha llegado!

Sin embargo, aunque Juan había visto al ungido y había escuchado sobre sus maravillosas obras, al igual que Moisés, no entró al Reino durante su vida terrestre. Este es el significado de las misteriosas palabras de Jesús: “En verdad os digo, que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él” (Mateo 11:11)

Amanecer  que viene de lo alto

Juan solo tuvo logró dar un vistazo al primer rayo de luz antes del amanecer. El mundo no vería el amanecer de lo alto hasta la mañana de Pascua. El nacimiento de Jesús, sus enseñanzas e incluso sus milagros eran solo la preparación para el  Reino de Dios, puesto que la justicia, la paz, el amor y la dicha solo fueron posibles por la muerte y resurrección del Mesías y por el envío del Espíritu.

¿Quién es más grande que Juan? El pequeño bebe incapaz de hacer mucho, pero que a través de las aguas del bautismo nace al Reino de Dios (Juan 3:5). Este bebé no nació de mujer, como Juan, si no del agua y del Espíritu Santo. La grandeza de este bebé es puro regalo de la gracia de Dios, el regalo de haber sido adoptado  por Dios y Templo del Espíritu Santo.

Es bueno detenernos por un momento y pensar en la diferencia lograda por la primera venida de Cristo…Antiguo Testamento vs. Nuevo Testamento…obras vs. Gracia… Ley Escrita vs. Ley del Espíritu…liberación del Faraón vs. Liberación de Satanás…ojo por ojo vs. El Sermón de la Montaña.

Primera y segunda venida

También es bueno detenerse un momento y recordar la diferencia entre Su primera Venida y su Segunda Venida…mortalidad vs. Inmortalidad… oscuridad de fe vs. La visión beatifica…el valle del llanto vs. La dicha sin fin.

Aunque la primera venida de Cristo transformó el significado del sufrimiento, no lo destruyó. Por otra parte, ¡su Segunda venida si lo hará! Al verle venir sobre las nubes, “la tristeza y el duelo se irán para siempre” (Isaías 35:10)

Si, hemos sido salvados. Sin embargo, no nos hemos apoderado de nuestra salvación totalmente. Hemos saboreado los primeros frutos, ya recibimos el anticipo, pero el resto aun está bajo custodia.

Domingo Gaudete – Regocigarse con la esperanza

La confiada anticipación de esta herencia es conocida como Esperanza. Este héroe desconocido entre las virtudes teologales es muy importante, puesto que hace posible la paciencia. De esta forma podemos soportar entusiastamente las adversidades (Santiago 5:7-10), cuando la recompensa esperada lo hace soportable.

La Esperanza también es importante porque es la clave para la dicha. Es por ello que el tercer domingo de Adviento se conoce como domingo “Gaudete” o “de regocijo”.  Las vestiduras cambian del purpura penitencial a rosado puesto que los sufrimientos de la era presente no son nada comprados con la gloria que nos será revelada.

Moisés se regocijo en el monte Nebo. Juan se regocijó encadenado. En medio del valle del llanto, regocijémonos en la Esperanza (Romanos 12:12).

Este artículo se ofrece como una reflexión de las lecturas para el tercer domingo de adviento, Ciclo A (Isaías 35, 1-6, 10; Salmo 146; Santiago 5:7-10; Mateo 11: 2-11). Traducción al español realizada por Miguel Carranza.

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