Domingo Gaudete – El Gozo del Adviento y Juan Bautista

Domingo Gaudete – El Gozo del Adviento y Juan Bautista

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Comúnmente se piensa en Juan Bautista como una figura seria y rígida. Pero de hecho, ¡él podría ser el santo patrono del gozo! Probablemente por eso es el centro del evangelio para el Domingo Gaudete o de Regocijo, el tercer domingo de adviento. El gozo solo llega a través de la humildad y el arrepentimiento.

El tercer domingo de adviento, el morado penitencial cambia a  rosa y celebramos el Domingo Gaudete, es decir, ¡Regocíjense! “Grita de gozo hija de Sion”, dice Sofonías. “Sacaran aguas con gozo de la fuente de la salvación”, dice Isaías. “Regocíjense siempre en el Señor”, dice san Pablo. Y Juan el Bautista  dice: “Hagan penitencia por que viene el juez”.

DOMINGO GAUDETE O DOMINGO DE REGOCIJO

¡Esperen n momento! ¿Qué hace este bullicioso y agreste santo del desierto aquí, en este domingo de regocijo? Su severa llamada al arrepentimiento no encaja.

Aunque usted no lo crea, Juan Bautista es el santo patrono del gozo spiritual. Después de todo, saltó de gozo en el vientre de su madre ante la presencia de Jesús y María (Lucas 1:44); y el evangelio dice que se regocija al escuchar la voz del novio (Juan 3:29-30).

Es muy interesante que las multitudes se acercaran a escuchar a Juan de todos los rincones de Israel antes de que cualquiera escuchara hablar al carpintero de Nazaret. Juan incluso bautizó a su primo, dando inicio al ministerio público de nuestro Señor y marcando el fin de la carrera de Juan.

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EL PADRINO, NO EL NOVIO

La mayoría de nosotros no apreciaría la competencia. Los fariseos y los saduceos ciertamente no lo hicieron. Se sentían amenazados por la popularidad de Jesús. Sin embargo, Juan alentaba a sus discípulos a irse con Jesús, el Cordero de Dios. Cuando la gente llegaba, lista para honrar a Juan como el mesías, él los corregía. Juan insistía que él no era la estrella del espectáculo, solo el mejor actor de reparto. Juan estuvo en el centro  del escenario por u momento, pero ahora que la estrella había llegado, él sabía que era el momento para retirarse  a los camerinos en silencio.

O, para usar el propio ejemplo de Juan, él era como el padrino del novio. Ciertamente es un honor ser elegido para este papel, pero el padrino no se queda con la novia. De acuerdo a la costumbre judía el papel del padrino era llevar la novia hacia el novio y luego salir discretamente. Juan encontró gozo en esto: “Mi gozo está completo. Es necesario que él crezca y que yo mengüe”.

ORGULLO Y ARREPENTIMIENTO

El Bautista era feliz porque era humilde. De hecho, él nos muestra la verdadera naturaleza de esta virtud. La humildad no se trata de negar nuestros dones, nuestra importancia o los talentos que tenemos. Juan sabía que él tenía que desempeñar un papel importantísimo y había que hacerlo agresivamente y con seguridad. El humilde no se mira a sí mismo con desprecio, ni con timidez. De hecho, el humilde no se mira a sí mismo para nada. El humilde mira al Señor.

La mayoría de los seres humanos, en algún momento de nuestras vidas luchamos con cierto sentimiento de “insuficiencia”. El orgullo es la herramienta que el pecado utiliza para lidiar con esto. Los orgullosos se preocupan de si mismos y ven a los demás como rivales. Los orgullosos continuamente tienen que exaltarse a sí mismos sobre los demás, esperando que esto les provea de un sentimiento de valor y paz interior. La historia de la humanidad nos ha demostrado una y otra vez que este no es el caso. Aun los relatores de los antiguos griegos paganos sabían que el hubris  (orgullo) era la raíz de las tragedias. El orgullo siempre viene antes de la caída, tal como ocurrió en el Jardín del Edén.

HUMILDAD, GOZO Y LIBERTAD

La humildad nos libera de este frenético yugo. El tratar de protegerse, reafirmarse y exaltarse en cada oportunidad es una tarea agotadora. El recibir nuestra dignidad y valor como regalo de Dios nos libera de esta pesada carga. Al librarnos de esta compulsión por dominar, podemos reconocer la presencia de Dios y sentir satisfacción cuando otros reconocen que Dios es Dios y le honran como tal. También somos libres para reconocer  la santidad en el prójimo y regocijarnos cuando otros lo nota y le honran.

Pero, ¿qué hay del llamado de Juan al arrepentimiento? ¿Cómo es que son  buenas noticias? Porque el arrepentimiento lleva a la humildad, y la humildad lleva a la libertad. La libertad nos lleva a la paz y gozo interior, gozo en la presencia del novio.

Este articulo fue publicado en “Our Sunday Visitor “, como una reflexión sobre las lecturas para el Tercer Domingo de Adviento, Ciclo Litúrgico B (Isaías 61:1-2, 10-11; Lucas 1: 46-54; I Tesalonicenses  5:16-24; Juan 1: 6-8, 19-28) y para el Ciclo Litúrgico C (Sofonías 3:14-18a; Isaías 12:2-6; Filipenses 4:4-7; Lucas 3:10-18). Se reproduce aquí con el permiso del autor.

Traducción al Español por Miguel Carranza

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