Bautizo del Señor y el Sacramento de la Confirmación

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La Fiesta del Bautismo del Señor Jesús en el Jordán cierra la Temporada Navideña. Esta reflexión sobre las lecturas para la fiesta, nos prive de una revisión de los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, y nos dan alimento para meditar mientras rezamos los misterios luminosos del Rosario.

Aprimera vista, la escena no hace mucho sentido. Juan, con su estridente llamado al arrepentimiento, provoca una respuesta abrumadora. Personas de todo tipo se aglutinan a su alrededor para bautizarse en el Jordán como signo de arrepentimiento y de purificación.

¿Por qué necesita bautizarse Jesús?

De pronto,  en medio de la multitud aparece Jesús, el primo de Juan. Pero, ¿qué hace aquel que no tiene pecado en medio de una multitud de pecadores arrepentidos? ¿Para qué se acerca a ser bautizado por Juan que es, de acuerdo a sus propias palabras, inferior a su primo?

Jesús no se sumerge en las aguas para ser santificado. No, el Santo entra en las aguas para santificarlas, dándoles el poder de ser más que un signo externo, convirtiéndolas en un vehículo para que el Espíritu Santo traiga purificación interior, renacimiento y transformación. Aquí, Jesús instituye el sacramento del bautismo Cristiano, algo esencialmente diferente y superior al bautismo de Juan que lo prefiguraba.

Confirmación – Unción en el Espíritu Santo

Inmediatamente después de salir del agua, el Espíritu deciente sobre Él en forma de una paloma. Ahora, Cristo instituye otro sacramento, el sacramento de la confirmación o como se le conoce en la Iglesia de Oriente, la Crismación.

Observemos que mientras el Espíritu desciende sobre Jesús, el Padre anuncia desde el cielo que este es su Hijo amado. Aquí tenemos una majestuosa revelación de la Santísima Trinidad: un solo Dios en tres divinas personas. Luego, observemos que Pedro, hablando de este acontecimiento en Hechos 10:37, lo llama la “unción” de Jesús.

Crisma de los Sacerdotes, profetas y reyes

En el Antiguo Testamento, la gente era ungida con un tipo especial de aceite de oliva perfumado llamado “crisma”, el cual se guardaba en el cuerno de un toro, simbolizando la fuerza. Las primeras personas en ser ungidas de esta manera en el antiguo testamento fueron los sacerdotes, autorizados para ofrecer sacrificios de parte del pueblo. Luego vinieron los profetas, ungidos para proclamar la exigente y vigorizante palabra de Dios. Finalmente, los reyes fueron ungidos por Dios para salvar a Su pueblo de sus enemigos. De hecho, el rey de Judá era llamado el ungido, en hebreo “el mesías”, o “Cristo” en griego.

Cristo significa ungido

Esta fiesta es el día del “nombre de Jesús”. Por supuesto que desde el momento de su concepción Él es la Palabra encarnada, lleno del Espíritu Santo y el salvador de Israel; pero este día, el Espíritu unge Su naturaleza humana de una manera nueva, facultándolo y equipándolo para la batalla, para acabar con la opresión del pecado, de Satanás y de la muerte, y guiar a su pueblo a la libertad. Él es ungido o “crismado” no solo como salvador y rey, si no como el perfecto profeta que habla la palabra final de Dios, y el sacerdote perfecto que ofrece el sacrificio sin mancha para borrar el pecado.

 Empoderamiento para la misión

Algunos se preguntan por qué necesitamos el sacramento de la confirmación y para otros  pareciera ser una ocurrencia o algo innecesario. Después de todo, recibimos el Espíritu Santo en el bautismo y recibimos Cristo en la Eucaristía. Entonces, ¿Qué recibimos al ser confirmados?

Simple.  Recibimos nuestra misión y el poder para llevarla a cabo. Puesto que ser un cristiano no se trata solo de “ser salvo”. Se trata de participar de la unción de Cristo para transformar el mundo. La misión es parte esencial del paquete, no es opcional. Es por eso que somos llamados “cristianos”, es decir “ungidos”. No son únicamente los religiosos y los sacerdotes quienes están llamados a esta misión. Cada uno de nosotros tiene ese llamado y es ungido. Es por eso que la confirmación es uno de los sacramentos esenciales de la iniciación cristiana. Sin la confirmación, no estamos incorporados completamente a la Iglesia que es una comunidad misionera.

La pregunta para aquellos que hemos recibido este sacramento lleno de poder es esta: ¿Qué estamos haciendo con él?

Esta publicación se ofrece como un comentario sobre las lecturas para la Fiesta del Bautismo del Señor, Ciclos A, B y C (. Isaías 42:1-7 o Isaías 55:1-11; Salmo 29, Hechos 10:34-38 o I Juan 5:1-9; Marcos 1:7-11 o Mateo 3:13-17)

Traducción al español por Miguel Carranza