Domingo de la Divina Misericordia y el sacramento de la misericordia

Domingo de la Divina Misericordia y el sacramento de la misericordia

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El domingo de la Divina Misericordia o la Octava de Pascua nos presenta con una de las historias más famosas en los evangelios – la historia del Incrédulo Tomas. Pero nos muestra cómo y cuándo Jesús instituyo el sacramento de la penitencia y reconciliación, también conocido como “confesión” – y por qué.

 Hace algunos años, la Iglesia Católica declaró el domingo después de Pascua como “Domingo de la Divina Misericordia”. Pero ¿Qué significa “misericordia”? y ¿qué tiene que ver con la temporada de Pascua?

Divina Misericordia

La misericordia no es simple lastima. Tampoco es perdonar el castigo que alguien se merece. La misericordia es la respuesta del amor ante el sufrimiento, buscando aliviarlo. Dios Padre es tan “rico en misericordia” (Efesios 2:4) que Pablo lo llama “el Padre de toda misericordia y Dios de todo consuelo” (2 Corintios 1:3).

Jesús es la perfecta imagen del Padre de misericordia. Cuando se encuentra con los que sufren de hambre, los alimenta. Cuando se encuentra con alguien que sufre de alguna enfermedad, lo sana. Sin embargo, la verdadera misericordia no es superficial, sino radical. Jesús sabe que el sufrimiento más profundo en la vida del hombre, la causa de todos los otros sufrimientos, es el pecado. El pecado nos degrada, robándonos de nuestra dignidad, debilitando y rompiendo nuestra conexión con Dios, nuestro Padre amoroso y nuestra fuente de vida. El pecado no es solo una transgresión contra una ley arbitraria, sino que crea en nosotros una herida que puede infectarse y si no se le atiende a tiempo puede corrompernos por completo. El pecado le da al Príncipe de las Tinieblas un instrumento para controlar nuestras vidas. La verdadera misericordia busca aliviar este profundo sufrimiento que puede llevarnos al sufrimiento eterno.

Sacramento de Misericordia y Reconciliación

Jesús murió precisamente para esto y una vez resucitado instituyó el sacramento de la reconciliación para aplicarnos el ungüento de la misericordia, ganado en el Calvario para cada pecador en el momento en que más lo necesite.

Entonces, ¿fue Jesús, y no la Iglesia, quien estableció este sacramento? ¿Dónde encontramos esto en la Biblia? Justo en el evangelio de San Juan, en la tarde del domingo de Pascua. A pesar de que las puertas estaban cerradas, aparece en medio de los apóstoles y les dice “Como el padre me ha enviado, así los envió yo” Jesús es el apóstol original del Padre – apóstol significa “enviado”. De la misma forma en que él fue enviado en una misión de misericordia, así también él envió a sus “apóstoles” en la misma misión. Sopló sobre ellos y les dijo “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Juan 20:19-22).

Espiritu de misericordia

Si tienes algún problema con que la Iglesia se entrometa en lo que crees que debería ser entre tú y Dios, entonces debes quejarte con Jesús por que fue su idea. Según podemos deducir de este texto, Jesús dio a los apóstoles y a sus sucesores, a quienes llamamos obispos, mucha autoridad en este tema. Pero también les dio una gran cantidad de poder. El mismo Espíritu Santo que trajo orden al caos (Génesis 1) y que hizo que una virgen concebiría un hijo, es soplado sobre los apóstoles. Él es el Espíritu de Misericordia, el Espíritu de Sanidad, el Espíritu de Liberación y Resurrección.

La confesión no consiste únicamente en reunirse con un ministro oficial de la iglesia. Es reunirse con un hombre que ha sido ungido con el Espíritu de Misericordia y está actuando en lugar de Cristo (“in persona Christi”) y sirviendo como instrumento del médico divino. Ciertamente este instrumento es un pecador que también necesita de la Divina Misericordia. Pedro y Santo Tomas nos lo dejan perfectamente claro desde el comienzo. Aun así, son instrumentos del amor misericordioso y sanador de Dios, sin importar que sean o no buenos consejeros o que sean o no excepcionalmente santos.

Encontrándose con Cristo en la confesión

El espíritu que Cristo derramó sobre los apóstoles en la tarde de Pascua ha sido transmitido a estos hombres a través del sacramento del Orden Sacerdotal. Eso quiere decir que es a Jesús con quien nos encontramos en el sacramento de la confesión. Y llega no solo a perdonar, si no a sanar, a liberar, fortalecer y transformar.

Este amor misericordioso hizo que Jesús no muriera solo para “cubrir nuestros pecados” borrándolos del libro de registros de Dios, dejándonos en la misma miseria. No, su misericordia cura la infección, sana la herida y rompe las ataduras.

 En el sacramento de la reconciliación, Jesús nos invita, de la misma manera que lo hizo con Lázaro, a salir de nuestros lugares de oscuridad y podredumbre. Les dice a sus sacerdotes confesores lo mismo que le dijo a la gente que estaba alrededor de la tumba de Lázaro: “desátenlo y pónganlo en libertad”.

Esa es la Divina Misericordia. No sé qué piensas tú, pero yo quiero tanta como pueda conseguir.

Esta publicación se centra en la conexión entre el domingo de la Divina Misericordia, la incredulidad de Tomas y el sacramento de la penitencia, la reconciliación y la confesión. Es una reflexión sobre las lecturas para la Octava de Pascua, Ciclo (Hechos 5:12-16, Salmo 118:2-24, Apocalipsis 1:9-19, Juan  20: 19-31).

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