El rabino radical y el mandamiento más grande

El rabino radical y el mandamiento más grande

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Cuando sus enemigos le preguntaron cuál era el mandamiento más grande, Jesús revela cuan radical es. Su respuesta va a la raíz misma de cada uno de los 613 mandamientos  encontrados en la Ley del Antiguo Testamento – el tipo de amor divino conocido como caridad o ágape

Nuevamente quieren ponerle a prueba. Los oponentes de Jesús reclutan a un abogado para hacer lo que los abogados hacen mejor – cuestionamientos que ponen a las personas aprietos. «¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» (Mateo 22: 34-40). Aun si la ley sólo hubiera consistido de los 10 mandamientos, esta pregunta hubiera sido difícil de contestar. Sin embargo, la Torá escrita incluía muchas más prescripciones morales, ceremoniales y dietéticas – 613 para ser exactos.

El maestro radical va la raíz

Jesús, por supuesto, es un radical. Un “radical” es aquel que va a la “radix” o raíz del problema. La raíz del problema era que los fariseos se enfocaban en cosas menores.  Les encantaba «aplastar mosquitos y tragar camellos». Ignoraban el bosque por concentrarse en los árboles. Se esforzaban mucho por observar cada letra de la Ley mientras perdían de vista el espíritu de la misma.

Así que Jesús les dispara un misil, funcionando dos pasajes de la Torá: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente(Deuteronomio, 6:5). Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico, 19:18).

Resumen de la ley

Esto hundió a los fariseos por un par de razones. Primero, brillantemente resume toda la Ley porque cada uno de los preceptos es una expresión de estos dos mandamientos. Revisa los 10 mandamientos (Éxodo, 20: 1-17) y verás que lo primeros 3 tratan sobre el amor a Dios, y los 7 restantes tratan sobre el amor al prójimo. Si lees cada línea de la Biblia podrás poner cada mandamiento en la columna A (Amor a Dios) o en la columna B (Amor al prójimo). Estos mandamientos verdaderamente son la raíz de todos los otros.

Pero la otra razón por las que su respuesta a los  hunde es porque estos dos mandamientos son precisamente los que los fariseos continuamente quebrantan. Para ellos, la observancia de la Ley no es un acto de alabanza divina, sino un acto de auto-promoción. En lugar de que la observancia de la ley los lleve a amar al prójimo, los lleva a despreciar a aquellos que no viven de acuerdo a sus estándares (observemos, por ejemplo, cómo tratan al hombre ciego en Juan 9: 24-34).

Ama con todo tu corazón

Reflexionemos sobre  lo que dice Pablo, el fariseo convertido: “Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe” (1 Corintios 13: 1). Pablo había aprendido esto por experiencia propia – pasó muchos años siendo un címbalo. Por el lado positivo, San Agustín dice: “Ama y haz lo que quieras”.

Sin embargo, Jesús no dijo simplemente amar. Él dijo que debemos amar a Dios nuestro Señor con TODO nuestro corazón y con TODA nuestra alma y con TODA nuestra mente y fuerza. Cuando tenía 21 años, hice un retiro de discernimiento en la abadía trapista de Getsemaní. No sabía si escoger la vida religiosa o el matrimonio. Mientras caminaba por la casa de retiro, me estremecí al ver una frase escrita en una roca sobre la entrada: “Sólo Dios”.

Caridad o ágape

¿Acaso amar a Dios con todo el corazón no deja espacio en el corazón para una esposa o para los hijos?

Sí ese fuera el caso, no hubiera un segundo mandamiento en esta historia. De hecho, Jesús dice que el segundo mandamiento es semejante al primero. Es porque el tipo de amor del que habla Jesús es la caridad (agape), qué implica amar a Dios por quién es y a todos los demás por quiénes son, no con nuestras fuerzas humanas, sino con el amor divino qué ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Romanos 5:5). Cuando amamos a los demás con caridad, amamos a Dios a través de ellos. Cada uno de nuestros actos de amor hacia ellos se convierte una expresión de nuestro amor a Dios.

Dos caras de la  misma moneda

Así que en el fondo, los dos mandamientos son dos caras de la misma moneda. Jesús dice que hay que darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. La moneda de dos caras llamada caridad es la única moneda de curso legal con la que podemos pagar la obligación que es más importante que los impuestos, aquella que se le debe al Creador.

Esta publicación sobre el maestro radical y el primer mandamiento, va la raíz de todos los mandamientos, un tipo de amor llamado ágape o caridad. Se ofrece como una reflexión sobre las lecturas para él Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo Litúrgico A (Éxodo 22:1, 20-26; Salmo 18; 1 Tesalonicenses 1,5-10; Mateo 22: 34-40).

Traducción al español por Miguel Carranza

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