Corpus Christi – Eucaristia, El Cuerpo de Cristo

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Jueves Santo, la noche de la Última Cena, también conocida como la Cena del Señor, la institución de la Sagrada Eucaristía – ¿Por qué hizo Jesús lo que hizo y dijo lo que dijo? ¿Qué quiso decir con “Este es mi cuerpo y esta es mi sangre” y “hagan esto en memoria mía”? y ¿A qué se refieren los católicos al hablar de transustanciación y del cuerpo de Cristo?

El Jueves Santo, la noche antes de morir, el Señor Jesús realizó algunos cambios sorprendentes  al ritual de la Cena Pascual. En lugar de conformarse con la tradicional bendición judía del pan, Jesús proclamó: “tomad y comed, pues esto es mi cuerpo”. Durante la tercera copa de vino, conocida como la copa de la bendición, dijo: “tomad y bebed, pues esto es mi sangre”. Luego ordenó a sus discípulos, “hagan esto en memoria mía”.

Corpus Christi & La Eucaristía

Obedeciendo los deseos de nuestro Salvador, conmemoramos y recreamos este momento solemne de forma especial durante el jueves Santo y más frecuentemente en cada misa. Verdaderamente, la Iglesia Católica enseña que en la Eucaristía la hostia de la comunión y el vino del altar son transformados y se convierten realmente en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. ¿Alguna vez has conocido alguien que encuentre esta doctrina católica un poco difícil de digerir?

Si es así, no te sorprendas. Cuando Jesús habló sobre comer su carne y beber su sangre en el capítulo 6 del Evangelio de San Juan, sus palabras fueron recibidas con poco entusiasmo. “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”(v. 52). “Es duro este lenguaje, ¿Quién puede escucharlo?”(v. 60). De hecho,  tantos de sus discípulos le abandonaron sobre este tema que Jesús tuvo que preguntarle a los doce si ellos también planeaban irse. Es interesante que Jesús no corrió detrás de estos discípulos a decirles, “No se vayan, yo sólo hablaba metafóricamente”.

El entender de la Iglesia Primitiva

¿Cómo interpretaba la iglesia primitiva estas palabras de Jesús? Aquí hay un hecho interesante. Una de las acusaciones que los romanos paganos hacían contra los cristianos era el canibalismo. ¿Por qué? ¡Correcto! Ellos habían escuchado que esta secta regularmente se reunía a comer y beber sangre humana. Y ¿acaso la Iglesia Cristiana primitiva dijo, “No esperen, es sólo un símbolo”? ¡Para nada! Al tratar de explicar la Eucaristía al Emperador Romano, cerca del 155 A.D.,  San Justino no escatimó palabras: “Porque no tomamos estos alimentos como pan o bebida comunes, sino que, así como Jesucristo, Nuestro Salvador, se encarnó por virtud del Verbo de Dios para nuestra salvación, del mismo modo nos han enseñado que esta comida—de la cual se alimentan nuestra carne y nuestra sangre—es la Carne y la Sangre del mismo Jesús encarnado, pues en esos alimentos se ha realizado el prodigio mediante la oración que contiene las palabras del mismo Cristo… es el cuerpo y la sangre de aquel Jesús encarnado.”

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Presencia Real – Transubstanciación

Pocos cristianos cuestionaban la presencia real del cuerpo y la sangre de Jesús en la Eucaristía. Fue hasta la Edad Media, al tratar de explicar cómo el pan y el vino eran transformados en el cuerpo y la sangre de Cristo, que algunos teólogos se descarriaron y necesitaron ser corregidos por la autoridad de la Iglesia. Luego Santo Tomás de Aquino ofreció una explicación que se hizo clásica. En Todo cambió que observamos en esta vida, decía, cambia la apariencia pero por debajo la esencia de las cosas sigue siendo la misma. Por ejemplo, si en una crisis existencial decidiera cambiar mi auto familiar por un Ferrari, abandonar a mi esposa y a mis 5 hijos, convertirme en vagabundo playero, broncear mi piel, teñir mi cabello, cambiar de peinado, hacerme musculoso en un gimnasio e ir a un cirujano plástico, me miraría muy diferente exteriormente. Pero a pesar de todos estos cambios, en el interior sustancialmente seguiría siendo el mismo.

San Agustín decía que la Eucaristía es el único de cambio que encontramos en este mundo que es exactamente opuesto. Las apariencias del pan y el vino permanecen iguales, pero la misma esencia o sustancia de estas realidades, que no puede ser vista a través de un microscopio, es totalmente transformada. Lo que una vez fue pan y vino, ahora son el cuerpo y la sangre de Cristo. Luego se acuñó una palabra muy útil para describir este cambio único. La transformación de la “sustancia”, qué quiere decir lo que está “por debajo la superficie”, vino a ser llamada “transustanciación”.

Transformación por el Espíritu y la Palabra

¿Qué hace que esto ocurra? El poder del Espíritu y la Palabra de Dios. Después de orar para que el Espíritu descienda (epiklesis), el sacerdote, actuando en lugar de Cristo, repite las palabras del Dios-hombre: “Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre”. Parecido a las palabras en el capítulo 1 de Génesis: el poderoso viento (léase Espíritu) revoloteaba sobre la superficie de las aguas y la palabra de Dios resonaba. “Que haya luz”. Y hubo luz. Es tan fácil creer en la Eucaristía como en la creación.

Pero ¿por qué Jesús preparó esa transformación del pan y el vino?  Porque su propósito erar lograr otro tipo de transformación. El pan y vino son transformados en el cuerpo y la sangre de Cristo, que a su vez tienen el propósito de transformarnos a nosotros. ¿Alguna vez escuchaste la frase, “somos lo que comemos”? El Señor desea que seamos transformados de un variado grupo de individuos imperfectos en el cuerpo de Cristo, que llegamos a la madurez plena.

Relación personal con Jesús

Nuestros hermanos evangélicos a menudo hablan de una relación íntima y personal con Jesús. Pero yo te pregunto, ¿qué relación más íntima y personal se puede tener? Nosotros recibimos el cuerpo del Señor en nuestro propio cuerpo para hacernos uno con aquel que recibimos.

Es un sorprendente regalo que recordamos y celebramos cada jueves Santo.

Esta publicación se centra en la transubstanciación, la transformación y la institución de la Eucaristía como el Cuerpo de Cristo. Es una reflexión sobre las lecturas para el Jueves Santo y la Fiesta de Corpus Cristi que se basan en Éxodo 12:1-14, Salmo 116, I Corintios 11:23-26 y Juan 13:1-15. También de Deuteronomio 8:2-3 & 14b-16a, Salmo 147, 1 Corintios 10:16-17 y el discurso sobre el Pan de Vida que aparece en Juan 6:51-58.

Traducción al español por Miguel Carranza.