Acción de gracias – Naamán y los 10 leprosos

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Las historias bíblicas de Naamán el sirio y la sanación de los 10 leprosos nos enseñan que la gratitud es una obligación de justicia. Recordar la fuente de nuestras bendiciones y dar gracias es exactamente la razón por la que en algunos países, como Estados Unidos y Canadá, dedican un día para celebrar Acción de Gracias, y por qué los católicos tienen la “obligación dominical” de asistir a Misa.

La lepra ha sido siempre, en cualquier lugar del mundo, una enfermedad temida. Sin embargo, particularmente en el medio oriente de antaño, era una carga pesada de llevar puesto que también implicaba un completo aislamiento de la sociedad. Se podía estar junto a otros leprosos, pero todos estaban retirados de las personas sanas para evitar contaminar a los demás con la enfermedad. Ser un leproso era ser un paria.

NAAMÁN EL SIRIO

No es de extrañarse entonces que Naamán viajara desde Siria, su tierra natal, hasta Israel cuando escucho que había la esperanza de encontrar una cura ahí. ¿Qué importaba si Israel era un enemigo de Siria y el era un comandante en el ejército sirio? ¿Qué importaba si el adoraba a los dioses sirios en lugar de al Dios de Israel?  Valía la pena arriesgarse. Nada más había funcionado.

Naamán fue sanado instantánea y completamente y su respuesta fue casual. Fue obligado a expresar su gratitud ofreciendo un regalo. Elías se reusó a aceptar el regalo puesto que la sanación no había venido de él si no de Dios. Cuando Naamán reconoció esto, cargo su carruaje con tierra del suelo de Tierra Santa para pode erigir un altar en su casa para el Dios de Israel. Juró no adorar a otro dios a partir de ese día.

Naamán era un pagano. Probablemente jamás escuchó de los Diez Mandamientos (Éxodo 20) que comienzan con “Yo soy el Señor tu Dios y no tendrás otros dioses delante de mí”. Sin embargo, Naamán no necesitó que una Revelación Divina le dijera lo que él ya sabía por sentido común. El Dios de sus enemigos le acababa de dar una segunda oportunidad de vida. A partir de ese momento, se dio cuenta que estaba en deuda  de gratitud con este Dios. Una deuda que no podía pagar, pero debía intentar hacerlo de todos modos. Ninguno de los otros “dioses” había sido capaz de devolverle la vida. No tuvieron el poder para hacerlo, así que no les debía nada. Naamán era solo un hombre y estaba decidido a pagar lo que debía de la mejor forma que pudiera.

10 LEPROSOS & LA GRATITUD COMO JUSTICIA

¡Qué irónico! Israel había experimentado bendiciones extraordinarias de Dios por cientos de años y sin embargo había fallado en expresarle su gratitud. Por el contrario, coqueteaban con los ídolos que Naamán había abandonado. En lugar de horrar a los profetas, les habían perseguido.

Nos encontramos con una ironía similar en la historia de los 10 leprosos en el evangelio de San Lucas (Lucas 17:11-19). Un encuentro con Jesús sana por completo a estos marginados sociales y a la vez restauración a la sociedad. Sin embargo, ninguno de los israelita se toma el tiempo para agradecer a Jesús. Solo un hombre regresa y es un samaritano. Un herético.

Adorar a Dios es primeramente una estricta obligación de justicia. Fuimos creados de la nada, sin ningún esfuerzo de nuestra parte. Fuimos salvados por gracia; no tuvimos nada que ver (Efesios 2:4). En ambos respectos, le debemos a Dios todo. Nunca podemos pagarle adecuadamente, por lo tanto le debemos nuestra eterna gratitud.

ACCION DE GRACIAS Y LA EUCARISTIA

Es por eso que Abraham Lincoln proclamo una fiesta anual de Acción de Gracias en los Estados Unidos. Es por eso que los católicos hablamos de nuestra “obligación de los domingos”. Estamos obligados, si estamos en capacidad, a observar el tercer mandamiento y santificar Día del Señor reuniéndonos para darle gracias. Por cierto, Eucaristía significa “acción de gracias”. En el antiguo dialogo entre el sacerdote y la gente, como introducción a la plegaria eucarística (“de acción de gracias”), decimos “en verdad es justo y necesario darte gracias”.

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¿Porque debemos cumplir con esta obligación en la misa en lugar de en la comodidad de nuestros hogares? Porque nuestro sacrificio de acción de gracias es débil e insuficiente por sí solo. Solo hubo Uno que ofreció una alabanza perfecta al Padre, y su sacrificio se hace presente nuevamente en cada Eucaristía. Nuestro inadecuado agradecimiento es absorbido en el sacrificio perfecto de alabanza ofrecido por el Hijo de la misma forma en que el agua insípida que pone el sacerdote en el cáliz es absorbida por el vino que se convierte en la sangre de Cristo.

Pero la acción de gracias no puede limitarse al domingo. Estanos llamados  vivir continuamente en acción de gracias. Estamos llamados a ser un pueblo eucarístico.

Esta publicación sobre Naamán, los diez leprosos, la gratitud y la acción de gracias como justicia, se ofrece como una reflexión sobre las lecturas para el vigésimo octavo domingo del tiempo ordinario, Ciclo C (2 Reyes 5:14-17; Salmo 98; 2 Timoteo 2:8-13; Lucas 17:11-19).  Traducción al español realizada por Miguel Carranza.