Amén, Amén – Santiago, Pedro y la fe sólida

Amén, Amén – Santiago, Pedro y la fe sólida

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La palabra “amén” es conocida por todos. Sin embargo, pocos conocen su origen y su verdadero significado, que de hecho llega a la raíz de lo que significa creer y tener fe solidad como una roca.

Lentecostal os predicadores pentecostales gritan esta palabra, los monjes la cantan y la mayoría de los cristianos terminan cada oración con ella. ¿Pero qué significa realmente “Amén”? ¿Es solamente una manera piadosa de “finalizar” el dialogo con Dios?

La mayoría nunca hemos escuchado el origen de esta palabra que usamos tan comúnmente. Sin embargo, necesitamos examinarla puesto que su significado está atado a la raíz de lo que Dios nos dice a través de las lecturas de este domingo.

Amén – firme como una roca

Amén no es una palabra del español, ni del griego, aunque frecuentemente aparece en la traducción griega del Nuevo Testamento. Es un término hebreo asociado a una figura muy particular en ese idioma. La palabra “amén” está relacionada a la palabra “roca”. No significa “Yo estoy de acuerdo”, sino “queda en firme, como una roca”.

En otras palabras, “es confiable, es seguro, es sólido y me mantengo en ello”. El “ello”, por supuesto, es Dios Mismo, quien a menudo es llamado “Roca” en el Antiguo Testamento (ver Salmos 18 y 144) y piedra angular en el Nuevo. Sin embargo, “ello” también se refiere a cualquier cosa que Él diga o revele. Su verdad es confiable; podemos y debemos mantenernos en ella.

Santiago y una vida basada sobre la fe

Esto implica, que no solo debemos aceptar la palabra de Dios intelectualmente, sino también construir nuestra vida alrededor de ella, dejar que nuestro futuro dependa de ella, asegurarnos que nuestras acciones fluyan de ella. Implica que la verdadera fe bíblica nos lleva a poner nuestra confianza en Dios y a comprometernos a vivir las convicciones que decimos tener.

Ese es precisamente el punto de la epístola de Santiago. No es que tengamos que agregar obras a nuestra fe para salvarnos. La fe que no logra cambiar nuestras vidas no es la verdadera fe. De hecho, es una fe falsa – una ilusión. Si dices a alguien, “Buena suerte, que Dios te bendiga, estoy orando por ti” y no haces nada para ayudarlo en sus necesidades corporales esenciales, tus palabras no significan nada. Si predicas la fe y no caminas la fe, simplemente estas tomando una postura religiosa. Esa es precisamente la evaluación que Jesús hace de los fariseos.

Pedro y la fe solida como la roca

En Cesárea de Filipo, Pedro exclama que Jesús es el Mesías. Lo que sucede a continuación en la historia prueba que lo que él expresó fluyó de una inspiración especial (como lo dice Mateo 16) y no de su sólida fe. Tan pronto como Pedro confiesa que Jesús es el Mesías, procede a decirle a Jesús el tipo de Mesías que debía ser.

En otras palabras, la revelación de Jesús como el siervo sufriente, un Mesías que salvaría a su pueblo dando su vida por ellos, no le parecía a Pedro. Las consecuencias de ser el primer discípulo de un criminal condenado a muerte no son nada deseables. Así que Pedro disputa las declaraciones de aquel a quien acababa de llamar Mesías, el Ungido de Dios. Por lo tanto, su profesión fue correcta, pero no provenía de una fe sólida. No le dijo a Jesús “tus palabras son ciertas – voy a basar mi vida en ellas” si no por el contrario “¡Vamos, Jesús, debes estar bromeando!”

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Jesús pone su cara dura como la roca

¿Cómo responde Jesús? El siervo sufriente de Isaías pone su rostro “duro como la piedra”. Su mirada está fija en el Monte Calvario y su propósito es duro como la roca – nada puede disuadirlo.

¿Y Pedro? Ya sabemos que pasó cuando el gallo cantó. Pedro (su nombre significa “piedra”) eventualmente abre los ojos. En Pentecostés recibe el poder interior del Espíritu Santo y su “creencia” se transforma en la virtud de auténtica fe. Puso su cara dura como la piedra al dirigirse a su propio Calvario, una colina en Roma donde Nerón se entretenía con el sufrimiento de los demás, una colina llamada Vaticano.

Nosotros recibimos ese mismo poder en el bautismo y en la confirmación, y es renovado en cada eucaristía. Así que cuando decimos “Amén”, ¿vivimos lo que estamos expresando?

Este articulo resalta el significado de la palabra “amen”, basado en el hebreo para roca y firmeza. Es una reflexión sobre las lecturas para el Vigésimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo Litúrgico B (Isaías 50: 4-9; Salmo 116; Santiago 2:14-18; Marcos 8:27-35).

Traducción al español por Miguel Carranza

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