Mi yugo es suave, mi carga ligera

Mi yugo es suave, mi carga ligera

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En el Evangelio de San Mateo, Jesús declara, “mi yugo es suave, mi carga ligera”. Para muchos de los que le seguimos, esto no parece estar de acuerdo con nuestra experiencia. Esta publicación explica por qué y también por qué una de las claves para el descanso implica ser un discípulo – ponerse bajo la disciplina del fuerte pero gentil corazón de nuestro Señor.

Una vez conocí una mujer qué decía ser una “católica en recuperación”. Al parecer, cuando era niña se le enseñó que la religión se trataba sólo sobre la culpa. Se le impusieron obligaciones imposibles que requerían de ella esfuerzos extenuantes destinados a la frustración. Pon la otra mejilla, ni siquiera PIENSES En aventuras amorosas. Ama a tus enemigos.

La religión como una carga imposible

Intentar esto solamente con su fuerza de voluntad fue demasiado para ella, llevándola a un sentimiento permanente de culpa. No es de asombrarse que ella rechazara una religión así.

Claramente lo que ella rechazaba no era la religión de Jesucristo, sino algo que se parecía más al enfoque de los fariseos, quienes ponían duras cargas en las espaldas de la gente pero no levantaban un solo dedo para ayudarles.

En Mateo 11: 25-30, Jesús apela aquellos que viven la vida como una faena sin fin. El ofrece descanso y ánimo. Su yugo es suave, nos dice, y su carga es ligera.

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Discípulo – bajo la disciplina de un maestro

Entendamos que seguir a Jesús no significa llevar una vida despreocupada y sin responsabilidades. Ser discípulo literalmente significa estar bajo la disciplina de un maestro. Implica voluntariamente ponerse un yugo sobre los hombros y caminar en una dirección señalada por el maestro. Sucede que esta es la dirección que el maestro sabe que conduce a verdes pastos, descanso y felicidad

Sin embargo, cuando a los bueyes se les ordena moverse, no ven fácilmente los pastos al final del sendero. Todo lo que ven es un largo y empolvado camino que no conduce a ningún lado.

Hay maestros que son severos y autoritarios. Cuando los bueyes disminuyen el paso por la fatiga o por su misma testarudez, reciben latigazos. El camino se llena de remordimientos. Los fariseos eran de este tipo de maestros. Jesús, al contrario, es gentil. La gentileza quiere decir debilidad. Él es fuerte y decidido, insistente en la dirección en la que hay que seguir y el paso que hay que mantener. Sin embargo, su fuerza es silenciosa y amorosa. Una fuerza que edifica en lugar de destruir.

¿Carga ligera? ¿Yugo suave?

¿Alguna vez te has preguntado por qué Jesús usa la imagen del yugo? Al menos dos bueyes están enganchados al mismo yugo, uno junto al otro.  A lo bueyes se les llama “bestias de carga”. Entonces, ¿Por qué dice que su yugo es suave y su carga ligera?

Porque el humildemente se engancha al yugo a nuestro lado. Simón de Cirene le ayudó a cargar su cruz; él nos ayuda a cargar la nuestra y él carga la mayor parte del peso, si se lo permitimos. Es por eso que su yugo es suave. Él pone su espíritu en nuestro interior  (Romanos 8:9-10) para que tengamos la fortaleza de llevar nuestra parte de la carga, que por supuesto es mucho menor.

Yugo suave y carga ligera. Fácilmente podríamos decir que no se siente así la mayor parte del tiempo. Esto podría deberse a una de dos razones. Lo que estamos cargando probablemente no sea el yugo del Señor. Algunas veces deliberadamente desobedecemos al Señor (eso se llama pecado) y le permitimos a otro tiránico amo que nos domine nuestras vidas. No hay problema. De eso se trata el sacramento del bautismo. Renunciar a un faraón opresor en favor de un Señor liberador. Sí hemos traicionado nuestro bautismo y hemos regresado a la perdición de Egipto, tenemos el sacramento de la penitencia para traernos de vuelta por el mar rojo hacia la tierra prometida de la libertad.

Verdes pastos de oración

La otra razón por la que el yugo puede parecer pesado es porque no estamos permitiendo que el señor cargue el peso o por qué no vamos a su mismo pasó. A veces nos quedamos atrás y otras veces nos le adelantamos. De cualquier forma, vamos por el camino raspándonos y lastimándonos contra el yugo. Quizás simplemente necesitamos guardar silencio por algunos momentos en el verde pasto de la oración para nuevamente sintonizar nuestros oídos a la voz del maestro. La solución es fácil: abandonó

Esta publicación sobre la declaración de Jesús, “mi yugo es suave y mi carga ligera”, es una reflexión sobre las lecturas para el catorceavo Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo litúrgico A (Zacarías 9:9-10, Romanos 8:9,11-13; Mateo 11:25-30).

Traducción al español por Miguel Carranza

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