Cristo, Crisis y Controversia

Cristo, Crisis y Controversia

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En el capítulo 10 del evangelio de San Juan, Jesús dice que sus ovejas escuchan su voz. Estas palabras provocaron controversia y crisis, algunos las aceptaron y otros las rechazaron. Sus palabras despiertan muchas preguntas sobre el papel de la predestinación, la gracia, la libertad, la confianza y la perseverancia.

Cientos de comentarios sobre la película “La Pasión de Cristo” fueron publicados pocas semanas después de su estreno en 2004 por cinéfilos de todo el mundo. Los críticos profesionales, que también vieron la película, tuvieron reacciones tan diferentes como el día de la noche. Algunos la elogiaron como una obra maestra que narra la historia del más profundo amor. Otros la señalaron como el producto de un fanatismo prejuicioso y peligroso. Incluso escuché alguien decir que la película no podría ser el fruto de una auténtica espiritualidad puesto que generó mucha división, y todos saben que la división es mala, ¿verdad?

Crisis y controversia en el ministerio de Jesús

¿Cuál fue la respuesta a la predicación de Jesús de acuerdo con el Nuevo Testamento?

Algunos que lo escucharon se sorprendieron, otros querían empujarlo de un risco (Lucas 4:29). Lo mismo ocurrió con Pablo y Bernabé durante sus viajes misioneros. Fueron aclamados por algunos, mientras que otros los expulsaron de sus ciudades. Jesús lo resumió muy bien cuando dijo: “¿Creéis que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, os lo aseguro, sino división” (Lucas 12:51)

No es que en realidad quisiera crear conflicto. Su venida simplemente provocó crisis. La crisis trae consigo una sentencia, una situación que muestra de qué están hechas verdaderamente las personas. El bien y el mal, blanco y negro, verdaderamente existen, y existen en el corazón del hombre. A menudo vemos las cosas bajo sombras grises que no nos permiten distinguir claramente dónde estamos parados nosotros y los que nos rodean. Una crisis obliga a todos a mostrar sus verdaderos colores.

Mis ovejas escuchan mi voz

Paradójicamente, no puedes reconocerle cuando aparece a menos que ya pertenezcas a él. “Mis ovejas escuchan mi voz: yo las conozco y ellas me siguen” (Juan 10:27). Pero ¿Cómo llegamos a pertenecerle? ¿Acaso estamos predestinados a pertenecerle? ¿Acaso otros están predestinados a rechazarlo? ¿Existe el libre albedrío?

En Juan 6:44, Jesús dice “Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae”.

Fe y gracia

Sin importar si alguien presencia un milagro o ve una película, se necesita fe para reconocer la presencia y acción de Dios en un evento extraordinario.  El responder a la presencia de Dios con arrepentimiento y un cambio de vida también requiere fe. La fe es una realidad sobrenatural. No podemos fabricarla. Es un regalo que, una vez recibido, se convierte en virtud, un poder que nos da la capacidad de pensar, actuar y ser diferentes. Pero hasta que es recibida, no está en nosotros el reconocer y aceptar a Cristo como nuestro divino salvador.

Por lo tanto, la gracia debe preceder y habilitar nuestros primeros pasos en la vida cristiana. ¡Todo es por gracia!

¿Predestinación?

Entonces, ¿Dios quiere que algunas personas vayan al infierno y por lo tanto les retiene la gracia de la fe? La Iglesia Católica en numerosas ocasiones ha dicho claramente que no, en apego a las escrituras. Pablo, en 1 Timoteo 2:4, dice lo siguiente: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad”. Por lo tanto, la Iglesia siempre ha creído que Dios da a cada persona por lo menos una vez en sus vidas, la gracia suficiente para salvarse.

Libertad y perseverancia

La gracia es el regalo de Dios que para amar, transformar y sanar vidas. Sin embargo, también sabemos que Dios no obliga a nadie a aceptarla. Toda persona tiene la libertad de decir “no, gracias” en el momento en que la gracia inicial se nos ofrece o en algún momento después de haber dicho “si” a ese regalo inicial. La vida cristiana no se trata de aceptar este regalo una vez durante un llamado en un altar, o en el día de nuestra confirmación o nuestro bautizo. Se trata de decir si cada día y perseverara hasta el último aliento. Es por eso que Pablo y Bernabé exhortan a los convertidos a “perseverar fieles a la gracia de Dios” (Hechos 13:43).

Dios nunca soltará el extremo de la cuerda que nos eleva hacia el cielo. Pero nosotros siempre tenemos la opción de soltarla de nuestro lado. Nadie puede separarnos de la mano del Buen Pastor, pero nosotros podemos decidir soltarnos de esa mano.

Esperanza y seguridad

La confianza en el poder de Dios y la seguridad de su amor son aspectos de la virtud cristiana llamada esperanza. Pero la simple e imprudente complacencia no es lo mismo que la esperanza, si no la voz de la presunción. Nuestra gozosa certeza debe estar balanceada con la humilde vigilia y oración por la gracia de su perseverancia, la gracia para mantenernos firmemente asidos de su mano.

Y, ¿qué hay de otras personas quienes aparentemente no han escuchado la voz del pastor? ¿Es acaso responsabilidad de Dios, porque no les ha otorgado la gracia, o es culpa de ellos, por haber endurecido sus corazones?

Eso en realidad no debe preocuparnos. Nuestra responsabilidad es orar para que Dios abra los corazones de todos, y para que el testimonio de nuestras vidas y nuestras palabras sirvan de ayuda, en lugar de obstáculo para aquellos que luchan con la decisión más grande de sus vidas.

Esta publicación se centra en la crisis y la controversia durante el ministerio público de Jesús, Pablo y Bernabé. Es una reflexión sobre las lecturas para el Cuarto Domingo de Pascua, Ciclo Litúrgico C (Hechos 13:14, 43-52; Salmo 100; Apocalipsis 7: 9, 14-17; Juan 10: 27-30).

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