El Jóven Rico y el Rey Salomón

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Tanto el joven rico del evangelio de Marcos como Salomón tuvieron que tomar una decisión muy difícil. ¿Qué desea tu corazón? ¿Riqueza, aventura, sabiduría, comodidad o conveniencia? ¿Dónde están las verdaderas riquezas y la verdadera seguridad?

Él ya había cumplido con los requisitos básicos. Era honesto, no había matado a nadie, había honrado a sus padres y nunca pensaría en robar o en codiciar la esposa de otro hombre. Sin embargo, tenía la curiosidad – ¿Qué necesitaba para ir más allá, para tener la certeza de haber ganado el cielo, ser perfecto, tener una verdadera intimidad con Dios?

El joven rico – curiosidad v. deseo

Curiosidad no es lo mismo que deseo. La curiosidad tiene la “inquietud” por saber, pero no necesariamente por actuar. En cambio, el deseo haría cualquier cosa por lograr lo que quiere.

Jesús decidió ayudar a este joven a sincerarse consigo mismo, ya que Él podía ver su corazón. Después de todo, Él es la Palabra de Dios hecha carne y la Sagrada Escritura dice que la Palabra de Dios penetra la superficie y llega hasta lo más profundo, como una espada de doble filo.  Por lo tanto, la mirada de la Palabra es penetrante, y habla con palabras que también penetran e incluso causan un poco de escozor: “Anda, da todo lo que tienes a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”.

Inmediatamente el semblante del hombre se vino abajo. No esperaba esta respuesta. Tal vez hubiera podido manejar más oración y más ayuno. Pero ¿donar todo aquello por lo que había trabajado? ¿Andar como nómada detrás de este rabino errante, sin saber de dónde saldrá su siguiente comida?  Era demasiado pedir.

Él quería que Dios formara parte de su vida, pero no estaba listo para darle a Dios el control de su vida, abandonarse completamente, encontrar su identidad y seguridad en el Señor. Su afluencia le proveía con un nivel de comodidad y prominencia de las que había aprendido a depender. Deshacerse de ella era simplemente demasiado aterrador.

judgement of solomon the rich young man and king solomon

Este fue un momento de crisis en que se le presentó una alternativa que pondría de manifiesto donde estaba su corazón. Lamentablemente, falló el examen de monitoreo de corazón.

Salomón – el tesoro de la sabiduría

Mil años antes otro joven enfrentó la misma prueba y respondió de otra forma. Su padre le había construido un excelente reino. Justo en el momento en que iba a tomar las riendas de ese reino, la Palabra de Dios vino a ofrecerle cualquier cosa que quisiera. ¿Cuál era el verdadero deseo de su corazón? ¿Tener riquezas que sobrepasaran las de los otros reyes del planeta? ¿Lograr asombrosas victorias militares contra todos sus enemigos?

Salomón no eligió nada de eso. El comprendía que Dios le conocía mejor de lo que él se conocía a sí mismo y que Dios le amaba más de lo que él se amaba a sí mismo.

Si controlaba él solo los ejércitos y las riquezas, podía perderlas en un instante o utilizarlas para hacer más mal que bien.  Si él era el único a cargo, tratar de hacer felices a los demás y a sí mismo probablemente terminaría haciendo infelices a todos.

Humildad y el temor del señor

La humildad lo hizo reconocer su pequeñez y la grandeza de Dios. Este respeto por la grandeza de Dios, conocido como temor de Dios, es el principio de la sabiduría. Lo primero que la sabiduría hace es buscar más sabiduría. Así que eso fue lo primero que Salomón pidió. La sabiduría, el consuelo, la ayuda y aun el control de Dios en su vida. Irónicamente, poner el reino en las manos de Dios permitió que el Señor trajera más éxito militar y prosperidad a Israel de la que había tenido antes o de la que tuvo después.

Se fue muy triste

Jesús nos muestra cómo funciona esto después que el joven se ha ido. Efectivamente, aquellos que han dejado valiosas relaciones y posesiones para seguir a Jesús se encontraran con persecuciones y sufrimientos. Sin embargo, también recibirán, incluso en esta vida, infinitamente más de lo que han dado a cambio y en el mundo futuro la vida eterna.

Dios no puede guiarnos en la aventura más grande de nuestras vidas si aún estamos aferrados a lo que creemos que va a hacernos felices, agarrando fuertemente las riendas de nuestras vidas.

Este artículo sobre Salomón y el Joven Rico es una reflexión sobre las lecturas para el Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo Litúrgico B (Sabiduría 7:7-11; Salmos 90; Hebreos 4:12-13; Marcos 10:17-30).

 Traducción al español por Miguel Carranza