EL magisterio, Parte 1: ¿Qué es? ¿y para que lo necesitamos?

EL magisterio, Parte 1: ¿Qué es? ¿y para que lo necesitamos?

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Este es el primero de cuatro artículos sobre el Magisterio de la Iglesia Católica. En esta primera parte se explica la relación entre la autoridad de la Iglesia y la autoridad bíblica. También se explica por qué los documentos, incluso los inspirados, requieren una interpretación autentica y autoritativa.

Todos los cristianos estaremos de acuerdo en que la Biblia es la palabra autoritativa e inspirada de Dios que debe gobernar la fe y la vida de la comunidad cristiana. Es decir, lo que esté de acuerdo con la escritura debe considerarse bueno y lo que contradiga la escritura debe rechazarse.

La autoridad de la escritura

Los reformadores protestantes, inspirados por el celo por la palabra de Dios fueron un paso más allá. Bajo la bandera de “Sola Scriptura” proclamaron que la Biblia debía ser la única autoridad para los cristianos. Eso implicaba que tanto la autoridad de la Sagrada Tradición como la de la Iglesia podían ser desafiadas en nombre de la fidelidad a las escrituras.

Sin embargo, es curioso que, desde el principio de la Reforma Protestante, el mismo movimiento que proclamaba la autoridad suprema de la Biblia, no podía ponerse de acuerdo en lo que la Biblia quería decir. El movimiento protestante estuvo dividido desde el principio. Mas de 500 años después, vemos miles de iglesias en conflicto reclamando para sí la misma Biblia y la misma la herencia de Sola Scriptura.

El magisterio y la interpretación de la Biblia

Esto se debe a que la Biblia es una colección de documentos escritos, y una de las realidades de todo documento, incluso los inspirados por el Espíritu Santo, es que pueden ser interpretados de diferente forma por diferentes personas.

Los fundadores de la nación estadounidense sabían esto. Por eso, además de proveer una constitución para los Estados Unidos, también establecieron un sistema legal para que fungiera como la continua y viva autoridad para interpretar y aplicar el documento escrito. Si el país iba a mantener su unidad, alguien en cada generación debía tener la autoridad para determinar lo que estaba en armonía con la Constitución. En los Estados Unidos esa responsabilidad recae sobre la Corte Suprema.

También podemos ver cómo opera este principio en los deportes. Cada deporte tiene un reglamento. Pero en el béisbol, por ejemplo, surgen fuertes discusiones sobre si la bola salió del campo o no, o si el corredor llego a tiempo a la base o no. En esos casos, los umpires son absolutamente necesarios en cada juego para que alguien tenga la última palabra sobre la interpretación y aplicación de las reglas.

Interpretación apostólica como autoridad magisterial

El Señor Jesucristo ciertamente no es menos sabio que los fundadores del gobierno norteamericano o los comisionados de béisbol. Al establecer su Iglesia, El no escribió nada, excepto en el suelo (Juan 8:8). En lugar de ello, estableció el colegio apostólico, reunido alrededor de Pedro como autoridad magisterial viviente, a la cual se le confía la transmisión y enseñanza de todo lo que recibieron de Jesús. Esto lo hicieron a través de instrucciones verbales y eventualmente algunos escritos.

A través de la imposición de manos, que conocemos con el sacramento del Orden Sacerdotal, los apóstoles por su parte confiaron su autoridad magisterial a sus sucesores, llamados obispos y les impartieron el mismo carisma de verdad que habían recibido del Espíritu Santo (CIC 861-862)

Oficina Magisterial

A la labor magisterial de los sucesores de los apóstoles, reunidos en torno al sucesor de Pedro, se le conoce como “el Magisterio”, palabra que viene del latín usado para una oficina de enseñanza.

El Magisterio de la Iglesia no es superior a la Palabra de Dios que nos viene a través de las Escrituras y la Tradición. El Magisterio está claramente bajo su autoridad – es sirvo de la Palabra. Su papel es la de custodiar fielmente la verdad sobre Dios y su plan para nuestra vida que llego a su plena expresión en la labor salvífica y de enseñanza de Jesús, la Palabra hecha carne. Su función no es agregar o sustraer de la revelación de Dios, si no únicamente interpretarla y aplicarla (CIC 85-86)

Ayuda divina

Se supone que el misterio funcione como la Corte Suprema de Justica o como un buen umpire.

Sin embargo, existen algunas grandes diferencias. Ni la constitución de los Estados Unidos ni el reglamento oficial de béisbol son documentos inspirados por el Espíritu Santo. Por otra parte, la Biblia si lo es. Ni la Corte Suprema ni los umpires de la serie mundial han recibido una promesa especial de ayuda divina. Los sucesores de los apóstoles sí. Hablando a los apóstoles, Jesús dijo que “aquel que os escucha, a mí me escucha” (Lucas 10:16). El Magisterio habla con la autoridad de Cristo, guiada y empoderada por el Espíritu de Verdad.

La autoridad de la Iglesia respalda la autoridad bíblica

No existe oposición entre la Biblia y el Magisterio de la Iglesia. De hecho, son tan interdependientes que el mismo Nuevo Testamento llama a la Iglesia “el pilar y columna de la verdad” (1 Timoteo 3:15). La autoridad bíblica y la autoridad de la Iglesia – no se puede tener una sin la otra.

Esta publicación explica la importancia del Magisterio, la oficina magisterial de la Iglesia Católica, como la clave interpretativa de la Palabra de Dios de acuerdo con lo contenido en la Biblia, las sagradas escrituras.

Traducción al Español por Miguel Armando Carranza

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