Eucaristia vrs. Comida Chatarra – !Eres lo que comes!

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El único milagro registrado en los cuatro evangelios es la multiplicación de los panes y los pescados. ¿Acaso seria para enfatizar la importancia de la nutrición espiritual que Jesús, el pan de vida, nos provee a través de la Eucaristía? ¿Acaso la dieta de comida espiritual chatarra lugar del banquete eucarístico podría ser un factor en el deterioro espiritual que observamos en el mundo occidental? Una reflexión sobre el capítulo 6 del evangelio de San Juan.

En la década de los ochenta, George Gallup condujo una encuesta de opinión llamada “Religión en América”. Él estudió dos grupos de norteamericanos: cristianos de diferentes denominaciones que asisten regularmente a la iglesia y personas que no asisten a ninguna iglesia. Preguntó a ambos grupos sobre diferentes temas, desde la divinidad de Jesús, mentir en la declaración de impuestos, infidelidad en el matrimonio, hasta el aborto.

No se acomoden al mundo presente

Sus hallazgos fueron impactantes. Un total de 88% de los que asistían a la iglesia dieron respuestas idénticas a los que no asistían a ninguna iglesia. Gallup llamó a estas personas “cristianos nominales”. Solo 12% de los que asistían a alguna iglesia tenían opiniones y estilos de vida distintivamente cristianas.

Efesios 4:17-24 nos dice que ser cristiano significa vivir de modo radicalmente diferente a aquellos patrones que ofrece la sociedad pagana que nos rodea. Ser cristiano implica adquirir una nueva mentalidad y convertirse en una nueva persona que refleja la imagen y semejanza de un Dios Santo.

Entonces, ¿Por qué el 88% de los cristianos encuestados no lo entendían así? Es de suponer que ya había escuchado estos versículos en más de una ocasión. Probablemente el dicho sea cierto: “Eres lo que comes”.

Eucharist

Comida espiritual chatarra

Recientemente, escuché a alguien decir que verdaderamente somos lo que comemos, ya que la mayoría de los norteamericanos somos acelerados, obesos y tacaños.

Sin embargo, lo que ponemos en nuestra mente es peor de lo que ponemos en nuestra boca. El norteamericano promedio mira al rededor de 20 horas de televisión por semana. Muchas veces mientras vemos televisión también estamos navegando por internet, hojeando alguna revista o escuchando música en nuestros teléfonos. ¿Debería sorprendernos el que nuestros valores a menudo reflejen los valores de la industria del entretenimiento y de los medios informativos? Después de todo, ¡somos lo que comemos!

Eucaristía – el pan de vida

Es por eso que Jesús se nos presenta como el pan de vida, el pan que viene del cielo. Desde el siglo 16, la gente debate sobre el significado del capítulo 6 del evangelio de San Juan. ¿El maná del cielo debe interpretarse como su Palabra o como la Eucaristía?

Tal como se nos muestra en la Eucaristía, esta es una falsa dicotomía. Una antigua tradición que data desde los primeros Padres de la Iglesia nos dice que nos alimentamos de Cristo en dos mesas: la mesa de la palabra, simbolizada por el ambón y la mesa de la Eucaristía, que es el altar.

Dos mesas – palabra y sacramento

Cada misa nos ofrece un verdadero festín de la Palabra de Dios, no solo en las lecturas, sino también en las oraciones y las aclamaciones que usualmente son citas directas o párrafos de la Sagrada Escritura. La palabra de Dios en la liturgia es como una espada de doble filo que penetra lo más profundo de nuestro ser, desafiándonos, sanando nuestras heridas, iluminando nuestras mentes, dirigiendo nuestros pasos. El reconocer el cuerpo y sangre de Cristo bajo las humildes apariencias del pan y el vino estimula los ojos de nuestra fe. La Eucaristía es verdaderamente el alimento más sustancial que Él nos ofrece. Estamos llamados a ser el Cuerpo de Cristo. ¿Por qué nos habrá dado su cuerpo, sangre, alma y divinidad bajo las formas del pan y el vino? Porque somos lo que comemos.

Muchos católicos que asisten regularmente a misa son parte de ese 88%. ¿Por qué? Porque la palabra y la Eucarística solo pueden ser consumidas por fe y digeridas por aquellos que no están saturados de comida chatarra. Muchos apenas escuchan las lecturas porque sus mentes están llenas con las canciones que escuchan mientras van camino a la iglesia o con preocupaciones sobre las tareas que tienen pendientes. Muchos escuchan la palabra, pero la olvidan rápidamente, porque no se alimentan de ella hasta el siguiente domingo que asisten a Misa.

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El maná de Dios, nuestro pan de cada día

Si examináramos cuidadosamente el 12% restante, aquellos que asisten alguna iglesia y que tienen un estilo de vida cristiano, apuesto a que encontraríamos que la mayoría se abstienen de la comida intelectual chatarra y llegan a misa verdaderamente hambrientos (¡tal vez esta sea la razón para el ayuno antes de la misa!). Apuesto que apartan un tiempo para digerir la Palabra y la Eucaristía haciendo oración silenciosa periódicamente durante la semana. Y apuesto que como son lo suficientemente inteligentes, no esperan ganar la carrera alimentándose solo una vez a la semana (1 Corintios 9:24). Como los israelitas en el desierto, estos cristianos reúnen el maná de la palabra de Dios diariamente y la hacen su pan de cada día. Algunos incluso asisten a la eucaristía diariamente.

Alimento que satisface

Además de llevar vidas más estimulantes, aquellos en el 12% en la encuesta de Gallup tenían otra característica en común. Eran considerablemente más felices que los que no asistían a la iglesia o que los cristianos nominales, quienes manifestaban sentirse vacíos.

La comida chatarra podrá tener buen sabor, pero a menudo nos causa indigestión. Sin embargo, el pan de vida satisface. Estamos diseñados para comerlo. Tal como lo dice Jesús: “El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.».

Este artículo se ofrece como una reflexión sobre las lecturas para el Dieciochoavo Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo Litúrgico B (Éxodo 16:2-15; Efesios 4:17-24; Juan 6:24-35).

Traducción al español por Miguel A. Carranza.

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