Fiesta de boda en Caná – signo de transformación

Fiesta de boda en Caná – signo de transformación

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Todos hemos escuchado la historia del primer “signo” realizados por el Señor – cómo Jesús transformó el agua en vino en las bodas de Cana a petición de María, su madre. Sin embargo, esta historia tiene un significado más profundo de lo que apreciamos a simple vista.

Para la mayoría de nosotros, Epifanía, significa los tres reyes magos. Sin embargo, el termino epifanía significa “manifestación” o “revelación”, y tradicionalmente la Fiesta de la Epifanía celebra tres eventos reveladores: la visita de los Magos, el bautismo del Señor, y la boda de Caná.

El vino es un signo

El cuarto evangelio llama “signos” a los milagros realizados por el Señor. Todos apuntan a la divinidad del Jesús, pero también simbolizan de forma muy profunda lo que él ha venido hacer por nosotros a este mundo. En Caná, el trasforma el agua en vino.

El agua es buena, aunque ordinaria, no tiene sabor. El vino en el antiguo Israel era considerado algo especial, generalmente se reservaba para las fiestas y el Sabbat (Sábado). Es un símbolo de gozo y la alegría que provee es una gran bendición. El vino que Jesús proveyó era abundante, lleno de sabor y de la mejor calidad.

La Antigua Alianza era buena. Era bueno saber que Dios es uno y que la forma de agradarlo es realizando acciones justas. En realidad, de eso se tratan los Diez Mandamientos: justicia a Dios, quien es el único que merece nuestra adoración, y justicia a otros seres humanos quienes merecen nuestro respeto, puesto que están hechos a imagen de Dios. Sin embargo, esta Alianza no incluía todos los detalles – la vida al interior de Dios como Trinidad, solo se encontraba en figuras e indicios. El Antiguo testamento tampoco empodera a la gente para vivir los mandamientos. La ley fue escrita en tablas de piedra y el pueblo debía esforzarse por vivirla usando puramente su fuerza de voluntad.

Transformación

Jesús transforma esta situación. La vida religiosa ahora se convierte en intimidad con Dios, compartir en la eterna celebración de amor entre Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta nueva ley ahora está escrita en los corazones por el Espíritu Santo que empodera al cristiano para poderla vivir. La vida humana natural es buena, pero la nueva vida sobrenatural traída por Cristo es más abundante y llena de sabor.

¿Cómo trabaja esta transformación Jesús? A través del poder del Espíritu Santo, el mismo poder que transformó el caos en paraíso, una joven virgen en la madre del mesías, y pan y vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

Unción y regalos del Espíritu Santo

Tras su bautizo, Cristo fue ungido con este Espíritu que obra milagros. Nosotros compartimos esa unción a través de la Confirmación. ¿Entonces, por qué pensamos que los dones del Espíritu solo fueron para el Antiguo Testamento? ¿O por qué pensamos que solo se les da a los grandes santos? San Pablo en 1 Corintios 12, dice que existen diferentes obras del Espíritu, pero un mismo Dios es quien las realiza todas en todos. Y luego, “a cada persona la manifestación del Espíritu se le da para el bien de todos”.

Catalizador para un milagro

¿Entonces que se necesita para despertar este poder del Espíritu que obra milagros y que permanece dormido en las vidas de tantos católicos? Volviendo al relato de Caná, creo que, si la intercesión de María fue un catalizador para ese milagro, también puede ser catalizador para muchos más.

Esta publicación sobre la transformación del agua en vino como un signo en la boda de Cana es una reflexión sobre las lecturas de la Misa para el Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C, – Isaías, 62:1-5; 1 Corintios 12:1-11; Juan 2:1-12

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