Del Tabor al Calvario: ¿Dios abandonó a Jesús?

Del Tabor al Calvario: ¿Dios abandonó a Jesús?

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Esta publicación examina la relación entre la trasfiguración y la pasión de Cristo, entre el Monte Tabor y el Calvario. Examina la interrogante de si Dios abandonó a Jesús y es una lectura útil ya sea para la Fiesta de la Trasfiguración el 6 de agosto o para la Cuaresma y la Semana Santa.

Las apariencias engañan. Después de todo, Jesús era solo un galileo más. Sus manos, eran las ásperas manos de un obrero. La gente en Nazaret conocía a su madre. Algunos incluso recordaban al hombre que creían que era su padre.

La Transfiguración en el Monte Tabor

Sin embargo, cuando Jesús subió al Monte Tabor con sus tres discípulos favoritos, su apariencia cambió. De pronto, la gloria de su divinidad estaba a la vista, brillando a través de su humanidad, deslumbrando a sus discípulos.

Luego otras dos personas aparecieron – Moisés y Elías. De todas las figuras del Antiguo Testamento, ¿por qué ellos? Los judíos nunca fueron pensadores abstractos, sino más bien concretos. Cuando pensaban en los primeros cinco libros de la Biblia, “la Ley” o “Torá”, ellos pensaban en una persona – Moisés. Cuando reflexionaban sobre los grandes mensajes proféticos de la Escritura, pensaban en el profeta más grande de todos – Elías. La Ley y los Profetas. Esa era la forma judia de referirse a “la Biblia”. Moisés y Elías fueron testigos de Jesús porque toda la Escritura atestigua sobre Él.

¿De qué hablaron ellos tres? ¿De sus milagros? ¿Des sus enseñanzas? No. Hablaron sobre su inminente “éxodo” que pronto se realizaría en Jerusalén. Misteriosamente, este es el acontecimiento que la Ley, los Profetas y los salmos predijeron y describieron: su recorrido a través de sufrimientos indescriptibles y su muerte en el camino a la gloriosa resurrección.

¿Abandonado en el Calvario?

Algo que ha consternado a muchos sobre su pasión, son sus palabras en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46). Algunos, erróneamente han interpretado en esto que Jesús, tomando nuestro lugar, experimentó la más terrible consecuencia de nuestros pecados, es decir ser apartado de la comunión con el Padre, ser separado de Dios y de su gracia.

Nada podría estar más lejos de la realidad. El que Jesús haya cargado con nuestros pecados no significa que él sea un pecador. Su comunión con el Padre y con el Espíritu Santo no puede ser interrumpida. La nube que cubrió a los discípulos que estaban ahí ese día fue la misma nube que vino sobre María en la anunciación. La voz del Padre resonó desde la nube. El Padre y el Espíritu Santo estuvieron con él en el Monte Tabor y también en el Calvario.

Salmo profético

¿Cómo debemos de interpretar estas palabras de Jesús entonces? Estas palabras provienen de un salmo. La costumbre judía era referirse a un salmo no por su número, sino por las primeras palabras de ese salmo (en la iglesia aún conservamos esta práctica cuando nos referirnos a documentos del Concilio Vaticano Segundo como “Lumen Gentium” – las primeras palabras del documento). Hay un salmo que inicia con esta frase, el salmo 22.

Recomiendo que incluyas este salmo en tu meditación de la pasión durante la cuaresma. Es sorprendente la manera en la que este salmo predice las burlas que lanzan sobre Jesús ese día, las heridas ocasionadas por una jauría de “perros” (este era el término que los judíos de esa época utilizaban para referirse a los gentiles), el sorteo de sus ropas e incluso la liberación por parte de Dios que escucha su clamor. Jesús proclama desde la cruz aquello que se había manifestado en la transfiguración: “toda la ley y los profetas atestiguan sobre mí y sobre lo que está ocurriendo en estos momentos.”

Tabor y Calvario

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Para esto vino Jesús. Es por esto por lo que, durante diez capítulos en el evangelio de Lucas, Jesús marcha decididamente hacia Jerusalén (Lucas 9,19). Sus enseñanzas y sus milagros son extraordinarios, pero si no hubiera entregado su vida por nosotros, si no hubiera resucitado de entre los muertos, todavía estaríamos en nuestros pecados. Todo el drama de la historia humana encuentra su centro y su significado en estos tumultuosos días.

Algunos se preguntan por qué la película de Mel Gibson solo trató sobre la pasión de Jesús y no sobre toda la vida de Cristo. Esta es la razón: Teológicamente, la página que divide el Nuevo y el Antiguo Testamento no es una página con bordes dorados entre Malaquías y Mateo, si no una teñida de rojo carmesí por la pasión de Jesús.

Si has visto esta película ya habrás podido entender por qué Pedro, Santiago y Juan necesitaban experimentar la gloria del Monte Tabor antes de poder soportar el sufrimiento del Calvario.

Este artículo se centra en la Transfiguración de Cristo en el Monte Tabor y su relación con su pasión en el Calvario. Se ofrece como una reflexión sobre las lecturas para el segundo domingo de Cuaresma, Ciclo C (Génesis 15:5-18; Filipenses 3:17- 4:1; Lucas 9:28-36)

Traducción al español por Miguel Carranza

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