Mayordomía – Lecciones aprendidas del Siervo Deshonesto

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La mayordomía… ¿qué significa realmente? La parábola del siervo deshonesto en Lucas 16 argumenta contra el divorcio entre Dios y la vida cotidiana. Aunque servir al dinero es idolatría, es muy importante servir a Dios con la forma en la que usamos el dinero. La mayordomía no solo implica darle a la iglesia nuestro tiempo, talentos y tesoros, sino también usar la prudencia para incrementar la propiedad del amo, tomando la iniciativa para ser fructífero.

Nuestra sociedad tolera la religión siempre y cuando sea algo hecho en privado. Después de todo, en America hablamos mucho de la separación entre la Iglesia y el estado, ¿cierto?  Se supone que la educación, el entretenimiento, el empleo y  la política son “libres de religión”.  La eliminación de los Diez Mandamientos de un tribunal en Alabama hace algunos años fue solo uno de los signos del retorcido sentido del divorcio entre fe y vida.

Nos guste o no, somos influenciados sutilmente por esta actitud y a menudo exiliamos a Dios de aéreas completas de nuestra vida cotidiana. Hace veinte años, una encuesta de Gallup llamada “Religión en  America” demostró que 89% de las personas que asistían regularmente a la iglesia vivían sus vidas de la misma forma en que lo hacían las personas que no asistían a ninguna iglesia. Mostraban los mismos niveles de infidelidad marital, mentiras en sus declaraciones de impuestos, etc.

Dinero y mayordomía

Un área que mantennos “libre de Dios” es la política. Hemos escuchado a prominentes políticos católicos decir que personalmente están en contra del aborto, pero que no pueden involucrar su fe en las decisiones políticas que toman. Otra área “libre de Dios” es la financiera. Es interesante que en los evangelios Jesús hable más sobre finanzas que sobre sexo y sin embargo si alguno de estos temas se menciona desde el pulpito muchos se incomodan.

Si escuchamos hablar sobre dinero en la Iglesia, a menudo es en el contexto de la buena administración, de la obligación de donar “nuestro tiempo, nuestro talento y nuestro tesoro”

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La parábola del siervo deshonesto

En Lucas 16, Jesús nos da una provocativa lección sobre administración. El presume que nosotros sabemos que un administrador es alguien a cargo de la propiedad de su amo. Pero, ¿qué es lo que se espera de un administrador? Conservar y mantener la propiedad de su amo, por supuesto. En esta historia, el amo es dueño de un negocio agrícola. Los negocios son para generar ganancias. El trabajo del administrador, entonces, no era solo mantener el negocio, sino también hacerlo crecer. Si le confías el dinero que tanto te ha costado juntar a la administración de una corredora de bolsa, ¿acaso no esperas que incremente tu capital? Recuerda la parábola de los talentos en Mateo 25 – el amo fue muy severo con el administrador que guardó lo que le había confiado y no lo hizo crecer.

El administrador en Lucas 16 no acrecentó la fortuna de su amo. Este administrador la desperdició. No queda claro si lo hizo deshonestamente o simplemente fue por mala administración. De cualquier manera, él falló. Cuando se le dio la carta de despido, repentinamente reaccionó. Para congraciarse con aquellos a los que podían ayudarle después de haber perdido su trabajo, les anuló parte de la deuda que tenían con el amo.

Prudencia e iniciativa

Los estudiosos de las Escrituras no se ponen de acuerdo sobre el significado de esta acción. Algunos dicen que actuó deshonestamente a expensas de su amo. Otros dicen que simplemente estaba devolviendo su comisión. Creo que esta ultima explicación tiene más sentido puesto que en lugar de reprenderlo, su amo lo alaba por su prudencia.

La prudencia implica tomar la iniciativa para hacer algo, desarrollar un plan y estar dispuesto a sacrificar algunos placeres del presente (su comisión en algunos negocios) para generar ganancias a largo plazo.

¿Cuál es la moraleja de la parábola? Que irónico es que la gente no-espiritual a menudo toma la iniciativa, ejerce mayor creatividad y se esfuerza más que la gente espiritual para lograr lo que quieren.

Crecimiento y fecundidad

La administración es más que poner unos cuantos dólares en la colecta durante la misa  o anotarse para ayudar con  las actividades de la cuaresma. Implica darnos cuenta que todo lo que tenemos nos ha sido confiado por Dios y que tenemos la obligación de hacerlo crecer, haciéndolo tan fructífero como nos sea posible para su gloria. El administrador debe hacerse estas preguntas: ¿Cómo puedo hacer más tiempo para las cosas más importantes – Dios, Iglesia y familia? ¿Cómo puedo desarrollar mis talentos para ser más eficiente para la gloria de Dios?

Cuando se trata de dinero, los buenos administradores preguntan: ¿Cómo puedo usar el dinero que tengo para ayudar al trabajo de Dios? Sin embargo, hay otra pregunta que debe hacerse: ¿Cómo puedo generar más ingreso para poder donar más? Las Iglesias necesitan hacer esto: recaudar fondos. Los cristianos y las familias cristianas necesitan hacer esto también. A esto le llamamos oportunidad de negocios o inversión. El tomar decisiones rentables e inteligentes a este respecto es una cosa sagrada y espiritual.

Pero, ¿qué hay sobre la advertencia de Jesús sobre que no se puede servir a Dios y al dinero? Si las finanzas se usan solo para la autosatisfacción en a expensas de honestidad y justicia (véase Amós 8:4ss), entonces estamos sirviendo al dinero. Si el incremento en tus ingresos sirve para financiar a tu familia, a tu parroquia, una educación cristiana, centros de asistencia a embarazadas o refugios para indigentes, se está sirviendo a Dios.

Esta publicación sobre el siervo deshonesto puede enseñarnos a ejercer la prudencia en la mayordomía – tomando la iniciativa para usar nuestro tiempo, talentos  y tesoros para incrementar la propiedad del amo. Se ofrece como reflexión sobre las lecturas para el vigésimo quinto domingo del tiempo ordinario, Ciclo C (Amos 8:4-7; Salmos 113; 1 Timoteo 2:1-8; Lucas 16:1-13).  Como usar el dinero para servir a Dios.  Traducción al español realizada por Miguel Carranza.