PARABOLA DEL SEMBRADOR Y LA SEMILLA – SEMBRAR Y COSECHAR

PARABOLA DEL SEMBRADOR Y LA SEMILLA – SEMBRAR Y COSECHAR

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La parábola del sembrador y la semilla debe ser vista desde dos perspectivas diferentes para descifrar su significado – desde la perspectiva del sembrador y desde la perspectiva de la semilla y desde. Ya sea sembrando o cultivando, el punto es una cosecha abundante y fructífera.

SSiempre me ha gustado la jardinería. Entre las semillas que he plantado se encuentran zanahorias, pepino y por supuesto calabacín. En todos los casos, las he plantado ordenadamente, esperando que casi todas broten y den frutos.

Sin embargo, el granjero en la parábola de Jesús (Mateo 13.1-23) usa un método más amplio, arrojando muchas semillas por todos lados. Como es de esperar, muchas no producen fruto. Algunas son comidas por los pájaros. Algunas otras germinan pero luego se marchitan. Algunas se asfixiadas por la cizaña. Finalmente, unas rinden diversas cantidades de grano.

Al final de la historia, Jesús dice” el que tango oídos que oiga”. En otras palabras, él quiere que aprendamos algo y que tomemos acciones concretas.

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Nosotros somos la semilla

Para responder adecuadamente a esta parábola, debemos analizarla desde dos ángulos diferentes. Primeramente hay que ver la historia como que somos la semilla.

Muchos de los que escucha el evangelio nunca parecen comprenderlo. El mensaje es robado antes de que eche raíces. Luego estan aquel 50% de niños católicos que reciben los sacramentos pero desaparecen entre los 18 y los 25 años. Las raíces poco profundas no los preparan para soportar el calor de nuestra cultura pagana. Luego esta aquel 89% de persona que asisten a la iglesia regularmente desde hace mucho tiempo y que, de acuerdo a George Gallup, tiene valores y etilos de vida idénticos a los de sus vecinos paganos. Su fe ha sido neutralizada por mala teología y mundanidad. Se ven como plantas de trigo, pero su religión no da frutos.

Cosecha – ¿mediocre o abundante?

Luego estan aquellos que no comenten pecados graves, se las arreglan para hacer el bien a algunas personas, pero a final de cuentas producen una cosecha mediocre.

Finalmente, estan aquellos pocos que no estan satisfechos con solo irla pasando. Hunden sus raíces profundamente en la Escritura, en la Tradición, la oración y los sacramentos, y producen una cosecha abundante. A estos les llamamos santos.

Al dirigirse a nosotros como semilla, Jesús dice: “tengan cuidado. Si no se esfuerzan por estar bien enraizados en su fe, probablemente  no lo lores. Si no logras sobrevivir, probablemente no produzcas nada. Pero tú estas llamado a dar fruto abundante (Juan 15), a rendir el ciento por uno, a ser un santo, a dejar una marca perdurable en las vidas de muchos. ¡No se conformen con menos de eso!”

El sembrador debe cosechar

Por otra parte, podemos ver la parábola desde la perspectiva del granjero.

El concilio Vaticano II y todos los Papas desde entonces han dicho inequívocamente que cada uno de nosotros está llamado a ser un evangelizados, a decirle a los otros que Jesucristo cambia vidas eternamente y que el lugar para encontrarnos con El plenamente y crecer rápidamente es la Iglesia Católica. “Pero”, podrías protestar, “lo intente muchas veces y no llegue a ningún lado. Simplemente no tengo la personalidad, no tengo ese don.”

Jesús, el Hijo de Dios, sin lugar a dudas tenía la personalidad y el don. Sin embargo, cuando sembró la semilla mucha terminó convirtiéndose en comida para pájaros. Consideremos los miles que Jesús alimento con panes y pescados, la multitud que escucho su sermón en la montaña, las multitudes que le dieron la bienvenida el Domingo de Ramos. Sin embargo el día de Pentecostés, solo había unas 120 personas en la segunda planta, esperando el Espíritu Santo.

El fruto nacido de estas 120 plantas eventualmente llenó toda la tierra.

Sembrar y cosechar

Para obtener esas pocas plantas que dieron fruto, muchas  personas deben sembrar muchas semillas. Sin importar si pensamos que tenemos el don de la jardinería o no, en esta parábola se nos ordena a los granjeros esparcir la semilla, sembrándola por todas partes, sin ser disuadidos por los  pájaros, por la cizaña, o por el sol abrasador.

Así que la parábola del sembrador tiene un doble mensaje: como semilla, nuestro trabajo es ocuparnos de crecer; como granjeros, nuestro trabajo es ocuparnos en sembrar.

Esta publicación sobre la parábola del Sembrador y la Semilla se enfoca en cómo asegurarnos que nuestra siembra y nuestra cosecha rindan mucho fruto y produzcan una abundante cosecha. Se ofrece como una reflexión sobre las lecturas para el décimo Quinto domingo en el Tiempo ordinario, ciclo A (Isaías 55:10-11, Romanos 8:18-23; Mateo 13:1-23).

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