Pobres de espíritu, pereza y bienaventuranzas

Pobres de espíritu, pereza y bienaventuranzas

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El Sermón de la Montaña y las Bienaventuranzas nos desafían a todos. Cuando Jesús llama bienaventurados a los pobre de espíritu y a los hambrientos de justicia, también condena a la satisfacción que lleva a la pereza, una enfermedad mortal que ha alcanzado proporciones epidémicas en el mundo occidental.

El “Sermón de la Montaña” de Jesús es probablemente el discurso más famoso de todos los tiempos. Y las primeras líneas del discurso son igualmente famosas – por más de 2,000 años se les ha conocido como las “Bienaventuranzas”.

Las Bienaventuranzas

En nueve cortos versículos, Jesús bosqueja a la persona espiritualmente exitosa, llena de bendiciones, afortunada, dispuesta a experimentar la felicidad perfecta y la dicha plena. Esto es lo que significa “bienaventuranza”.

Sin embargo, el primer calificativo nos hace retroceder un poco: “Dichosos los pobres de espíritu”. ¿Acaso Jesús nos está llamando a ser indigentes? ¿Acaso es un Marxista que defiende al proletariado y vilipendia a los burgueses?

Bienaventurados los pobres de espíritu

Para nada. Observemos que él está hablando aquí de los “pobres de espíritu”. En otras palabras, aquellos que están consientes de su propia pequeñez y de su vacío interior. Los pobres de espíritu no son aquellos que pasan dándose golpes de pecho, sino aquellos que verdaderamente reconocen cuan pequeños son ante los misterios del universo y ante el Creador del universo. No permiten que sus logros y habilidades los cieguen a su vulnerabilidad y a su moralidad. No se engañan a sí mismos.

En otro lugar, Jesús menciona lo difícil que es para el rico entrar al reino ya que es muy fácil para el exitoso perder contacto con sus necesidades y creerse los cumplidos de sus admiradores. Es más fácil para aquellos que no son influyentes, ni educados, ni ricos, el reconocer su necesidad puesto que está frente a ellos a cada momento. Por esta razón, la Iglesia en el Nuevo Testamento, al igual que hoy en día, estaba llena de gente como esta (1 Cor. 1:26-31).

Los pobres de espíritu están vacíos y por lo tanto sienten el deseo de ser llenados. Tienen hambre y sed de esa llenura llamada santidad, del alimento que satisface.

La pereza y la flojera espiritual

Los ricos de espíritu no tienen hambre de nada. Están “llenos de sí mismo”, son auto-suficientes.

Cuando se les ofrece la oportunidad de crecer espiritualmente protestan: “Yo soy una buena persona y adoro a Dios a mi manera” o “Yo asisto a misa todos los domingos, ¿acaso no es suficiente?” Están demasiado ocupados para orar y bostezan frente a pláticas espirituales. Están muy absortos consigo mismos como para interesarse en Dios. Pueda que se emocionen por un torneo de fútbol, pero nunca por el cielo.

Esta falta de hambre espiritual, esta apatía frente a las cosas de Dios, de hecho es uno de los siete pecados capitales. Se llama Pereza u holgazanería espiritual, y es uno de las características más peculiares de la sociedad Americana. Es un pecado escurridizo que se escabulle incluso al interior de la vida de las personas religiosas y gradualmente ahoga la espiritualidad. Distrae nuestra atención de los asuntos celestiales hasta que nos encontramos aburridos de Dios, “cumpliendo” con nuestra obligación dominical solo de forma mecánica y rutinaria. No hay pasión, no hay celo, no hay deseo. Solo hay excusas.

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Bienaventurados los puros de corazón

“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Los corazones de los bienaventurados, de los verdaderamente felices, no están divididos entre Dios y el fútbol o la carrera profesional o el dinero. Si juegan algún deporte, lo hacen para Su honor y gloria, y no por la propia. Si se casan, aman a Cristo y son amados por Cristo a través de sus conjugues. Si persiguen una carrera o inician un negocio, lo hacen de acuerdo a Su voluntad para promover Su reino.

Leer el Sermón de la Montaña y especialmente las Bienaventuranzas, es una revisión de agallas para todos nosotros. Es uno de los mejores exámenes de conciencia que hay, la perfecta lectura para antes de confesarse y para cada cuaresma.

Por cierto, de eso se trata la época penitencial de la cuaresma. El propósito del ayuno es re-estimular nuestro apetito espiritual. El propósito de los ejercicios espirituales es superar la pereza espiritual. El cristianismo no solo es cuestión de creer en Dios, si no de seguirle ávidamente.

Este articulo es sobre las primeras Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, dichosos los pobres de Espíritu, los puros de corazón y los hambrientos de justicia. Se ofrece como una reflexión sobre las Lecturas para el Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A (L 2,3; 3:12-13; Salmo 146; 1 Corintios 1: 26-31; Mateo 5:1-12)

Traducción al español por Miguel Carranza

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