Anatomía de la Envidia

Anatomía de la Envidia

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La envidia, uno de los siete pecados capitales, es diferente de los celos – es algo más oscuro y peligroso. Sin embargo, su engaño puede ser – y ya ha sido – derrotado.

Un reconocido Director Ejecutivo declaró recientemente ante un grupo de diferentes líderes empresariales que sin importar cual fuera su religión, ellos tenían que leer la Biblia. ¿Por qué? Porque el éxito de sus negocios dependía más de entender a las personas que de entender reportes financieros. Y en lo que se refiere a libros sobre cómo funciona la gente no hay otro mejor que la Biblia.

La sabiduría de la palabra de Dios

Probablemente los cristianos deberíamos prestar más atención al concejo de este empresario. A menudo, nuestras ideas sobre los demás provienen de nuestros propios pensamientos y no de la palabra inspirada de Dios. Esperamos que la gente nos aplauda y nos rinda honor cuando vivimos de forma correcta, casta y caritativa. Nos sorprendemos cuando hacen lo contrario.

A Jesús esto no le sorprendía. Él había leído la primera lectura del Libro de la Sabiduría mucho antes de iniciar su ministerio público. Jesús sabía que los milagros que realizaba para sanar, alimentar y liberar al pobre, al enfermo y al oprimido, así como las palabras que cautivaron y esperanzaron a muchos, podrían ser una amenaza por otros.

Anatomía de la maldad

Esto era debido a que aquello que la gente recibía abundantemente de Jesús servía para recordar a todos acerca sobre lo poco que habían recibido de sus líderes religiosos. Tanto el Libro de la Sabiduría como la epístola de Santiago describen la dinámica interna sobre cómo funciona el corazón de estas personas. Cuando la gente buena se encuentra con alguien más virtuoso simplemente se muestran agradecidos puesto que reconocen lo que pueden llegar a ser y les da ánimos para seguir en busca de la excelencia. Se regocijan cuando las personas virtuosas son honradas y hasta son los primeros en aplaudirles.

Cuando la gente mala se encuentra con alguien más virtuoso se incomoda puesto que dichas personas les recuerdan que ellos podrían ser diferentes. Las personas virtuosas los despojan de sus excusas y dejan al descubierto su mediocridad y ellos lo recienten. En lugar de emular al héroe y luchar por lograr cosas similares, buscan destruirle y desacreditar su trabajo para eliminar la amenaza a su autoestima y a su imagen.

Celos vs. Envidia

Este comportamiento va más allá de lo que comúnmente se denominan celos, puesto que no se trata simplemente del deseo de poseer algo bueno que alguien más tiene. Por el contrario, este tipo de celos llevan a concluir, ya sea por pereza o por desesperación, que el bien que se desea es imposible de lograr y por lo tanto debe destruirlo y a la persona que lo posee. Se trata del pecado capital de la envidia y a menudo emplea estrategias ingeniosas para derrotar a su némesis.

Jesús comprendía todo esto. En medio de toda la euforia despertada por su sensacional ministerio, Él predice que será torturado hasta la muerte por la instigación de los líderes “espirituales” de su propio pueblo.

Derrota de la sabiduría terrenal

Sin embargo, la Sabiduría hecha carne tenía un plan más astuto que cualquiera de las conspiraciones de sus mezquinos oponentes. Ya tenían todo preparado – Él había venido hasta Jerusalén para la fiesta, al igual que el procurador romano, la única persona que podía aprobar la ejecución. Los religiosos ya habían reclutado a un soplón de entre sus más cercanos seguidores. Ya habían montado una corte falsa, reuniendo al Sanedrín en medio de la noche. Manipularían a Pilatos diciéndole que podría perder el favor del emperador.

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La sabiduría terrenal de la envidia no fue rival para la sabiduría celestial del Amor. Todas sus maniobras solo sirvieron para adelantar el glorioso plan de salvación. Las elaboradas maquinaciones de los malvados sirvieron para sus planes, preparándole para ganar el perdón eterno para aquellos que conspiraban contra él.

Romanos 8, amor y esperanza

El amor, como nos dice san Pablo en Romanos 8, tiene el poder de hacer que todo trabaje para bien. Esa es la razón por la que el crucifijo es la imagen central de la fe católica. Es símbolo de fe, esperanza y caridad. Simboliza cuanto nos ama Dios, pero también que no tenemos nada que temer de las tragedias y calamidades que suceden o podrían suceder. Puesto que, si él puede sacar gloria de la vergüenza de la cruz, entonces puede sacarla de cualquier cosa.

Este artículo se centra en la anatomía de la envidia, uno de los siete pecados capitales. Es diferente a los celos, es mucho más oscura y peligrosa. La Biblia, en el Nuevo y en el Antiguo Testamento, nos da algunos ejemplos notables.

Traducción al español por Miguel Carranza

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