Inmaculada Concepción y María como modelo de fe

Inmaculada Concepción y María como modelo de fe

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El evangelio de San Lucas presenta a María, madre de Jesús, como modelo de fe, mostrándonos lo que implica tener una fe auténtica y efectiva. La imitación de las virtudes de María es clave para una devoción mariana autentica y un adecuado entendimiento del más profundo significado de la Inmaculada Concepción – que todo es por gracia.

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Las Bienaventuranzas es uno de los pasajes bíblicos favoritos de todos los tiempos. Pero, ¿Qué es una bienaventuranza? En la Biblia una persona “bienaventurada” o “bendita” es alguien que ha recibido dones de gran valor, dones que llevan a la realización y la felicidad duradera.

La primera bienaventuranza

Si te preguntara cual es la primera bienaventuranza, probablemente me dirías, “Dichosos los pobres de Espíritu”. Según el evangelio de San Mateo, estarías en lo correcto, pero según el evangelio de San Lucas no. Justo al principio de su evangelio, Lucas revela que la primera bienaventuranza es pronunciada por una mujer llena del Espíritu Santo, hablando a otra mujer a quien vino el Espíritu Santo y cubrió con su sombra. Isabel dice a Maria, “Bendita eres tú por haber creído” (Lucas 1:45).

¿Es importante la devoción Mariana para la vida cristiana? Este ha sido un punto de discordia entre católicos y protestantes durante casi 500 años.

Bienaventurados los que han creído

Observemos la evidencia en el primer capítulo de Lucas. Primero, el Ángel Gabriel le honra con el saludo “Salve, llena de gracia” (Lucas 1:29). Luego Isabel profetiza “bendita eres tu entre todas las mujeres”. A continuación el profeta Juan salta de gozo en el vientre de su madre al escuchar la voz de Maria. Luego, respondiendo a Isabel, Maria profetiza “todas las generaciones me llamaran bienaventurada” (Lucas 1:48)

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Sin embargo, son las palabras finales de Maria las que nos dan la clave para entender por qué ella será honrada: por su fe.” «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Por gracia, a través de la fe

Uno de los gritos de batalla durante la reforma protestante fue “¡Solo la Fe!”. Fue una idea central que unificó a muchas de las diferentes corrientes protestantes durante la Reforma aduciendo que era imposible ganarse el favor de Dios con buenas obras y que, por el contrario, recibimos su amor meramente como un regalo, una gracia, a través de la fe.

Ahora reflexionemos sobre Maria. ¿Acaso cruzó el Mediterráneo fundando iglesias como Pablo? ¿Acaso impartió sermones elocuentes como Esteban (Hechos 7)? ¿Gobernó la Iglesia como Pedro? No. Su salto a la fama se debe simplemente a que dijo si a Dios. Ella creyó que Dios podía y haría lo que le decía.

La fe como sometimiento

Sin embargo, la verdadera fe no solo consiste en la convicción intelectual de que Dios existe, o de que puede hacer esto o lo otro. La fe implica confiarse y abandonarse a Dios, estando dispuesto a aceptar su voluntad. Es por ello que Pablo habla sobre “la obediencia de la fe” (Romanos 16:26). Maria abandonó su plan de vida y cedió al plan de Dios. Hizo esto continuamente, incluso cuando Jesús la dejó para abandonar su ministerio público. Y cuando ese ministerio lo llevó al horror del Calvario, la fe de Maria estaba firme a los pies de la cruz.

Inmaculada concepción

Entonces, los católicos honramos a María por ser el perfecto ejemplo de la más grande virtud protestante. ¿Irónico, verdad? El profundo significado de la tan disputada doctrina de la Inmaculada Concepción es que la Gracia de Dios trabajó en María de formas misteriosas desde el momento de su concepción, haciendo posible su ejemplar vida de fe. Incluso su fe es un regalo de la Gracia de Dios. Todo es por gracia, de acuerdo a la doctrina católica.

Maria, claro está, sabia esto. Es por eso que respondió a los elogios de Isabel con la humilde pero exuberante oración conocida como el “Magníficat”: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador”. Ella es como una piscina de aguas cristalinas que refleja los rayos del sol hacia los cielos. Así que nadie tiene qué temer que la honra que ella reciba le reste a la majestad de su divino Hijo. Ella desvía todos los elogios hacia Dios, quien es la fuente de su grandeza.

Verdadera devoción mariana

Así que la respuesta es que la devoción Mariana es necesaria en la vida del cristiano. Pero, ¿Cuál es la verdadera devoción mariana de acuerdo a los padres del Concilio Vaticano Segundo? No es una piedad sentimental estéril, ni una preocupación ingenua por cada rumor sobre apariciones marianas, sino una imitación de las virtudes y de la fe de Maria (Lumen Gentium 67)

Este artículo sobre la fe de María como como fuente de la devoción mariana, se ofrece como una reflexión sobre las Lecturas para el Cuarto Domingo de Adviento, Ciclo C (Miqueas 5:1-4a, Salmo 80, Hebreos 10: 5-10, Lucas 1:39-45) y ciclo C ( 2 Samuel 7, Romanos 16:25-27, y Lucas 1:26-38) y para la Solemnidad de la Inmaculada Concepción (Génesis 3:9-20; Salmo 98; Efesios 1:3-12; Lucas 1:26-38).

Traducción al español por Miguel Carranza

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